Los usos del cerebro

Uno de los mayores insultos para una persona es devaluarla al hacer referencia a su incapacidad para el uso adecuado de sus habilidades mentales. Decirle a alguien que piense, cuando esta es una función que el cerebro realiza día y noche, es insultarla. Decirle que su coeficiente intelectual es menor al que aparenta en su vida cotidiana es también un insulto.

Los usos del cerebro

Birriondo*

Uno de los mayores insultos para una persona es devaluarla al hacer referencia a su incapacidad para el uso adecuado de sus habilidades mentales. Decirle a alguien que piense, cuando esta es una función que el cerebro realiza día y noche, es insultarla. Decirle que su coeficiente intelectual es menor al que aparenta en su vida cotidiana es también un insulto. Juzgar el alcoholismo y las adicciones en general porque afectan los valores y la capacidad mental, las colocan entre la frontera de la salud y la moral. El no usar el cerebro es para la sociedad en general una incapacidad terrible que no se perdona, debido a las bondades que l naturaleza dio a ese órgano que regula en forma voluntaria y autónoma todas las funciones del pensar y actuar, o sea, del vivir.

Algunos lo usan más que otros. Por lo tanto, el cerebro sirve para aprovecharse de las limitaciones de algunos. ¿A poco a usted, fiel lector(a), no le dan ganas de agarrar un trapito rojo y aprovecharse en la calle para, junto con una cubeta, apartar lugares para después cobrar el servicio y vivir sin preocupaciones fiscales? ¿No le encanta la idea de rebasar sin importarle complicar el tránsito vespertino dominical, por el acotamiento derecho de la carretera que trae a todos los chilangos de los suburbios de la ciudad? ¿No le gusta la idea de dejar de pagar los UDI'S para que entonces el banco entienda que usted sí quiere pagar lo justo de intereses, ya que cuando ha sido cumplido el banco se porta como los papás con los hijos que no dan problema, o sea, que ni los pela y sólo cuando se vuelve problemático entonces intenta negociar?

¿A poco no le gustaría ir al banco y decirle a cualquier ciudadano adaptado a las exigencias sociales que le aparte el lugar de esa tremenda cola de quincena y, después de media hora que usted utilizó para comerse unos tacos y bolearse los zapatos, llegar a tres lugares de la caja y aventándole el tufo de cebolla al susodicho ciudadano, dándole las gracias? Es importante para nuestra mente fantasear y poder así imaginar que la Tesorería le regrese a usted, de la tenencia que usted pagó, los días que usted, habitante del DF, no circula, que llegue a su domicilio un cheque con el equivalente a 52 o más días. Pero todo esto que le menciono sería puro delirio de un loco e irresponsable ciudadano que no sabría usar su cerebro adecuadamente.

Hace cuatro años el Congreso Norteamericano emitió una resolución por medio de la cual designó a la década del 90 como década del cerebro, y destinó más de 500 millones de dólares para el estudio de las neurociencias. Actualmente se realizan más de medio millón de investigaciones anuales sobre el cerebro. Ahí le van algunos datos que le respaldarán las fantasías propuestas arriba.

1.- El cerebro tiene sólo el 2% del peso del cuerpo, pero consume el 20% de su energía.
2.- Está compuesto por unos 10 a 15 mil millones de neuronas, cada una de las cuales se interconecta con otras por un número de sinapsis que va de varios centenares a más de 20 mil, formando una red estructural que es unas 100 veces más compleja que la red telefónica mundial. Sin embargo, el tiempo de activación entre dos sinapsis es inferior a un milisegundo.
3.- Una estimación modesta de la frecuencia de impulsos entre los dos hemisferios cerebrales supera los 4,000 millones por segundo, 4,000 Megahertz (MHz), cuando las computadoras más sofisticadas de circulación comercial se acercan ahora a los 100 ó 120 MHz. De esta manera, la velocidad de procesamiento de información del sistema nervioso no consciente supera toda posible imaginación humana, siendo de uno a diez millones de bits (unidades de información) por segundo, lo cual equivale a más de 300 páginas del lenguaje de un libro normal.
4.- Toda experiencia sensorial, consciente o inconsciente, queda registrada en el aparato neuronal y podrá ser evocada posteriormente, si se dan ciertas condiciones propicias; y algo parecido sucede con nuestro conocimiento hereditario inconsciente que constituye una base de potencialidad aún mucho mayor.

Éstos y otros datos similares nos llevan a concluir que el cerebro humano es la realidad más compleja del universo que habitamos, y si tiene alguna duda lo remitimos al siguiente relato llegado a nuestra redacción por medio de un Terapeuta Familiar con un caso muy especial.

Una familia como muchas
Quiero platicarles de una paciente que vino al consultorio para platicarme de un problema que existía en su casa con uno de sus hijos adolescentes. No voy a cambiarle de nombre a mis pacientes porque no creo incurrir en una falta de ética. Al contrario, al decirles a ustedes de quién se trata, podrán llevarse una reflexión importante.

Resulta que, después de haber establecido comunicación telefónica con la señora que demanda mis servicios, llega ésta a mi consultorio. Le pregunto sobre la ausencia de los demás miembros y me contesta tristemente que se negaron a asistir porque ellos dicen no estar locos. Le digo para consolarla que no se preocupe, que eso es pan de todos los días para quienes nos dedicamos a la salud mental. Le agrego que la mayoría de la gente piensa que va a llegar a un manicomio y que el doctor-terapeuta está listo con una máquina de tortura, deseoso de enjuiciar cualquier comportamiento fuera de lo que se considera normal. La señora sonríe después de enjugarse las lágrimas.

El aspecto de esta mujer es triste, sin embargo, me parece importante reconocer su fortaleza, sobre todo frente a todas las embestidas que la vida le ha provocado. Le pregunto su nombre. Me contesta: "soy la señora Nación y soy ama de casa, mi esposo es empleado federal y se llama Gobierno. Mi hijo adolescente, por el que estoy aquí, el menor de mis dos hijos, se llama Pueblo y mi hija mayor Patria". Le pregunto cuál es el motivo de su presencia en mi consultorio. Inicia su relato: "Mire doctor, me preocupa mi hijo porque está mostrando un comportamiento bastante destructivo. No es un mal muchacho pero creo que nosotros como padres hemos cometido muchos errores". Le digo que el fallar es parte de la condición humana, que nadie nos educa como padres y que el hecho de buscar ayuda le permitirá lograr que los problemas no crezcan hacia una situación destructiva.

Noto que, a pesar de que mi comentario tenía la intención de rescatarla de su baja autoestima, la señora Nación se muestra meditabunda y cabizbaja. Le pido que me hable más de lo que está viviendo. Ella prosigue: "quisiera darle más información doctor, mi marido y yo peleamos sobre la forma de educar a nuestros hijos. Yo le he dicho a mi marido que tiene que ser más firme, que tiene que poner los límites con nuestro hijo, porque a veces es muy estricto y en otras ocasiones es un blandengue de primera. Mire usted: lo condena si maneja intoxicado, lo ha castigado por chocar el carro en estado de ebriedad y hasta le quita el carro y la licencia. Mi hijo sabe que no debe manejar si ha bebido, pero el alcohol lo transforma y se envalentona. Mi marido lo previene y lo regaña, pero a su vez le da permiso para la barra libre o le autoriza con exceso la hora feliz que, por cierto doctor, yo no veo nada de libertad ni de felicidad en ninguna de las dos situaciones. Mi marido le dice 'tú sabes cuánto y tú sabes cuándo', ¿pero usted cree que mi hijo conoce adecuadamente su dosis, sobre todo cuando a los que venden alcohol les interesa tener adeptos para que consuman el resto de sus vidas?".

La señora insiste: "¿usted cree que con los 14 mil litros de alcohol por mexicano que esperan a ser consumidos, se pueda pensar en jóvenes realmente libres y felices? No doctor, estos jóvenes son los candidatos a clientes ideales para los productores de tabaco y alcohol. Con el pretexto de vender y tener clientes captados, los fabricantes crean cigarros light y bebidas afrutadas como los coolers o viñas, que tienen más alcohol que una cerveza. No sabe usted la tristeza que me da cuando quiero compartir algo creativo con mi hijo y sus amigos. Les llevo materiales sobre información de las drogas, ya sea de cómo evitarlas, los daños que causan o las alternativas de salud que hay en materiales didácticos y revistas y ¿qué cree usted?, se burlan de mí y me dicen que mejor les lleve unas chelas. Y por ese rumbo es el conflicto con mi marido. Cuando lleva a mi hijo al fútbol, al box, etcétera., lo embriaga. Ese es otro problema sobre el que reflexiono: ¿usted cree que si los campeones consumieran los productos que los patrocinan podría haber ganadores?" Veo que la señora Nación se encuentra preocupada y le pregunto si su hijo sólo bebe alcohol o si ella sospecha que está utilizando otra droga. Me dice: "precisamente de eso también le quería platicar. Fíjese que he gastado no sabe cuánto dinero para detectar cómo consigue la droga; he comprado unos radares carísimos, porque lo he visto con los ojos rojos, a veces muy ansioso, duerme mucho, no practica ningún deporte a pesar de ser fuerte, se pega a la televisión como un verdadero idiota en los programas más violentos y banales. Está desmotivado y no un tiene buen nivel de aprendizaje. Está sobreexcitado, asiste a lugares donde hay mujeres que sólo lo confunden pero, eso sí, no se compromete con una pareja. Ya ha tenido enfermedades venéreas. Me preocupa su salud. Creo que ha probado varias drogas pero básicamente mariguana, inhalables y ha aumentado su consumo de cocaína, a pesar de no tener suficiente ingresos para obtenerla. Lo he mandado a cursos y se niega a aceptar su conflicto con el alcohol y las demás drogas".

Le pregunto acerca de cómo interpreta esta situación a su hija, que es mayor que Pueblo, por un par de años. Doña Nación comenta que su hija afortunadamente ha salido una buena muchacha, que sin esa hija, ella como madre no sabría qué hacer con tanto problema. "Mire doctor, esta muchacha Patria se da perfectamente cuenta de los problemas entre su padre y yo. Ella no pudo asistir el día de hoy con nosotros, ya que es tan responsable que no pide permiso para salir de su trabajo. Sin embargo, ella me apoya ante los sabotajes de los familiares de mi marido. Yo lo quiero a él, se lo aclaro, pero mi suegra es terrible. Doña Burocracia nos ha hecho la vida terrible y mi marido tampoco ha sido capaz de ponerle un límite; lo intenta, pero la terquedad de ella lo rebasa y mi marido no tiene carácter, debido a que mi suegro, Don Autoritarismo, le ha impedido tomar adecuadamente las riendas de nuestra vida familiar. A mí me parece que no es justo esto, ya que a mi cuñada Corrupción, hasta prostituirse; incluso ha sido mala influencia para mi hijo, porque lo deslumbra con todo lo que ella le ofrece, porque se lo da en forma inmediata y usted sabe que los adictos no saben esperar y todo lo quieren rápido. Pero eso no es todo, mi suegro tiene un primo que es un metiche y se la pasa juzgando todo lo que pasa en nuestra casa, y con el pretexto de que es el padrino de nuestro hijo, se atreve a enjuiciar nuestra forma de educarlo y de corregirlo. Él es el tío Sam. A veces he visto como mi hijo se quiere escapar a la casa de él, a pesar de que el viejo ese me lo maltrata. No lo entiendo. A mí no me gusta porque sus hijos son terribles, majaderos, irreverentes, sucios y bien drogadictos y el tío todo les permite, hasta se los fomenta, pero cuando mira fuera de su casa es bien inquisitivo. El imprudente tío siempre les ha traído a mis hijos puras porquerías de regalos, hechas en Taiwan o China y mis hijos desvirtúan las cosas que yo les hago o les doy. Lo mismo hace mi marido, no me valora adecuadamente. Me da coraje que siempre quiera quedar bien con ese viejo barbón y nunca lo logra; es como si mi marido no tuviera dignidad. Hemos perdido muchas cosas por no mantener el respeto en nuestra familia ante los demás. Con decirle que mi hija se queja de que antes, donde había áreas verdes, íbamos a jugar o pasar el fin de semana en algún día de campo. Ahora, dice mi hija, donde jugábamos hay ya un monstruo de tienda para hacer compras con credencial. Si salimos es para ir a ver aparadores en las grandes tiendas sin que tengamos dinero para comprar y hasta salimos con mal sabor de boca, a pesar de que lo único que compramos fue un helado de consolación. Mi bella hija dice que hemos perdido los valores. Me dice que es como si a los jóvenes les dijéramos: 'Muchachos, vivan poco, que así evitan problemas'. Mi hija es muy bella pero no encuentra un joven sano para casarse, todos tienen ya el hábito de beber. ¿Qué haré doctor?"

Veo que mi paciente llora con mucho dolor e impotencia y le digo que su problema efectivamente es difícil y que trataremos de buscar algunos aspectos que nos permitan abordar esto de la mejor manera posible, pero que el conflicto entre los padres y la influencia de los suegros demeritan el pronóstico. Pero que si le ayudamos en nuestro tratamiento a que ella como madre se fortalezca, avanzaremos para que el hijo reciba la ayuda más adecuada aunque se mantenga en esa permanente negación de las consecuencias por su manera de beber y drogarse. En relación a su marido, intentaremos invitarlo para que vea de qué manera está hundiendo a su hijo con ese falso paternalismo.

Le di cita para otro momento.

Nota
* Se trata de mario Bejos L.

 

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