Está crítico ser joven o cómo critican al joven

Estimado lector(a): ¿Es usted de las personas con hijos jóvenes que piensan todavía que la adolescencia es una cruel invención concebida para hacer que los padres y maestros sigan consumiendo aspirinas y establezcan nuevos récords de tensión arterial? ¿O posiblemente está dispuesto(a) a proponer a la Cámara de Diputados que la única solución plausible es al de una legislación que declare ilegales

"Está crítico ser joven o cómo
critican al joven"

Púber*

Estimado lector(a): ¿Es usted de las personas con hijos jóvenes que piensan todavía que la adolescencia es una cruel invención concebida para hacer que los padres y maestros sigan consumiendo aspirinas y establezcan nuevos récords de tensión arterial? ¿O posiblemente está dispuesto(a) a proponer a la Cámara de Diputados que la única solución plausible es al de una legislación que declare ilegales las edades entre los trece y los dieciocho años?

Quizá, después de leer el título de este noveno trebejo, pensó que podía encontrar una lista detallada de armas letales que pudiera adquirir en forma anónima. Tal vez esperaba encontrar nombres y direcciones de buenos internados para adolescentes, todos ellos fuera de la ciudad, y en los cuales se prohíban las visitas de los padres. O quizá pensó usted que había renacido súbitamente el interés por las técnicas educativas medievales. O pensó que esta era la última vez que leía un rollo más de adolescencia para evitar las medidas drásticas que pudieran poner fin a la batalla con su hijo(a) o alumno(a) adolescente.

Nosotros sabemos que usted ha intentado discutir, llorar, rogar, gritar. Esto (también lo sabemos) fue en los buenos tiempos. Más adelante recurrió a encerrarse en su habitación, a mostrarse ofendido y a no hablarle a su hijo. Y, después de todo esto, él apenas parece afectado. Hasta se podría pensar que él o ella están tomando un curso intensivo de "Cómo enloquecer a sus padres y maestros"... ¡Y obtienen las mejores calificaciones!

Al pensar en jóvenes usted recurrió a leer esta esperada sección ávidamente, movida(o) por la desesperación, pensando: "¿Qué puedo perder? A lo mejor el Armario de los Trebejos puede encontrar mejores ideas que las desgastadas y ensayadas mías". Esto demostraría que usted es una madre o padre amante y solícito. Pero necesita ayuda para entender a un adolescente normal. Sí, normal es la palabra adecuada para describir a este ser mitad adulto y mitad niño que apenas hace un año era un pequeño. Este ser que inició su menstruación, al que le ha brotado acné (¡qué rara palabra!), al que se le desproporcionó la nariz respecto a la cara, y que está, él, entre que odia su cuerpo y, ella, instalada en el dilema de "gusto, luego existo", sin dejarse de mirar sobre cualquier reflejo de espejo o vitrina, ya sea de la escuela, la calle, el salón de baile o el hogar. ¡A veces incluso, esa(e) niña(o), de cuya compañía disfrutaba usted tanto, manifestaba deseos de tener otros padres o duda que ustedes sean reales (¿o todo?).

Ese chico puede desmontar el motor de un auto, pero es incapaz de realizar quehaceres domésticos más sencillos como arreglar su espacio, y ha entrenado su cerebro para que funcione sólo cuando conviene a sus propias necesidades. "Yo ya estoy grande para ser libre, pero dame mi domingo y préstame las llaves del carro" (¡SIC!) Normal es también la palabra adecuada para su hija, esa chica que se presenta voluntaria para cualquier actividad escolar, política o religiosa, que dirige con habilidad y entusiasmo, donde sus amigos la consideran madura y responsable. Esa chica que, en casa, se siente agobiada cuando se le pide simplemente que lave los platos o recoja la ropa de la tintorería y lo demuestra entrando en un estado catatónico inducido, o sea, paralizada. Esto dura exactamente hasta que alguien la llama por teléfono y le solicita organizar un comité de bienvenida, o un plan de salvación de las ballenas de Japón, ante lo cual se recupera milagrosamente y se marcha echa la m...ocha. Y entonces usted piensa que está fallando terriblemente en el ejercicio de su paternidad o que requiere 15 años de psicoanálisis o simplemente que la hija sólo con un trasplante de cerebro modificará su conducta. Pero trate de calmarse y entreténgase con nosotros.

Partamos de que es impreciso el concepto de adolescencia, e incluso viene a complicar el asunto. En la sociedad actual, muchos jóvenes de 16 a 18 años son adultos para varios fines prácticos como: fuerza de trabajo, agentes de consumo, derecho al voto, servicio militar, etcétera Además estos jóvenes ya tienen empleos y familias y, por lo tanto, sería poco práctico compararlos con los de 13 ó 14. En muchos aspectos, toda la idea de adolescente puede haber desaparecido y, puesto que los adolescentes de ayer son los adultos jóvenes de hoy, los adultos necesitamos reconsiderar nuestras definiciones. Para lograr esto con mayor tino, debemos considerar nuestro contexto cultural.

El concepto de Crisis es una parte fundamental en la construcción de cualquier teoría sobre el crecimiento y el desarrollo humano, y qué mejor ejemplo de esto en lo cotidiano que los jóvenes. Hablar de Crisis parece ocioso, ya que redunda en una terquedad de depositarle nuestras frustraciones e impotencias al éter de la incertidumbre cotidiana. Con frecuencia la gente piensa que la Crisis es algo repentino, el más negativo de los sucesos maravillosos y equilibrados, pero hay que reconocer que pocas personas pueden evitar del todo la Crisis y más aún si está determinada por la estructura social vigente. El joven saludable o enfermizo tiene que enfrentar las Crisis de los obstáculos sociales y la escuela, superar el divorcio de los padres y la pérdida de su propia pareja, tener equis enfermedad, enfrentarse a las drogas, etcétera.

Sin embargo, podemos entender a la Crisis como lo hacen los chinos, o sea, como Peligro y Oportunidad (Ya sé que llegarán cantidades de cartas al que redacta, para decirme que los adultos no han encontrado la mencionada y deseada oportunidad, y que se la han pasado cabalgando en las mandíbulas de la miseria. Lo siento, pero voy derecho y no me quito). La crisis es el punto del cambio decisivo que sugiere que el cambio puede ser saludable o enfermizo, mejor o peor. Pero ¿qué hace que una crisis desemboque en crecimiento o deterioro? Una consideración inicial es la severidad del suceso que la está precipitando. Los recursos personales integran un segundo grupo de variables claves, y un tercer conjunto incluye los recursos sociales presentes antes y durante el momento de la crisis. De aquí la importancia de las organizaciones educativas y de la creación de valores éticos y estéticos.

¿Cómo puede existir la juventud en este contexto? ¿En la región menos transparente (no sólo por el smog, sino también por lo emocional), donde nos educamos con una cultura de lo desechable? Reloj, botellas, papel, carros, relaciones amorosas desechables, sexualidad que se queda en el condón, sin un compromiso mayor, o en el querer tener todo en un Tris, o sea, instantáneamente y de volada, por qué me intolera esperar, mientras juego el Meurge para la asistencia pública. Desde esta perspectiva poco halagadora de la Hora ¿Feliz? y la Barra ¿Libre?, asumimos a la juventud más que como un estado natural, como una creación cultural, producto de situaciones históricas particulares, concretamente de las sociedades industriales (al alcance en el campo, gracias a los mass-media). Es pues, al adolescencia, más que un período biológico. Es un período de vida en que se adquieren virtualidades y retribuciones del mundo adulto. Entonces, pensamos que es precisamente esa falta de proyecto de vida de la población joven el núcleo de su crisis.

Decía nuestro amigo el doctor Roberto Merlo: "La imagen de Snoopy es útil para describir al joven. Al igual que Snoopy, los muchachos hacen todo menos lo que esperamos de ellos. Snoopy es un perro, pero sólo disimula serlo. Snoopy no tiene los pues en la tierra; pasa mucho tiempo interrumpiendo una metáfora entre la tierra y él: una perrera. Los muchachos --sigue el psicólogo italiano-- de hoy interponen y buscan una perrera para que la realidad no los afecte. Snoopy le hace a Jo-Halcón, al Barón Rojo... pasa de una identidad a otra sin aparente prejuicio; tiene por amigo a un pequeño y tierno pajarito (Woodstock o Astillita) y su relación afectiva con el amigo está hecha de ternura y reserva. Finalmente --remata el autor-- Snoopy tiene una relación con el mundo adulto especialmente compleja y difícil. Desprecia a Charlie Brown quien, sin embargo, es el que le da la comida; y quisiera besar a Lucy que, en cambio, lo trata como lo que es (un perro) y no lo quiere".

La metáfora invitada, útil y bella, la pregunta conservadora, imprudente y horrible: ¿Cómo poner límites a la naturaleza instintiva de los jóvenes, cuando aún no tienen responsabilidad en el orden de la producción social? Las pocas alternativas que existen para el uso del tiempo libre, aunado al des y al subempleo, la falta de programas de orientación, prevención y participación en organismos independientes, hacen parecer que los jóvenes se encuentran en una situación crítica. La realidad es heterogénea; en ella se pueden incluir desde los Nuevos Valores Cacardi hasta los amenazantes Chavos Banda, pasando por una gama de participación social y consumo a diferentes niveles.

Es común la creencia de que toda movilización juvenil es un movimiento universitario o estudiantil, pero en México no llega a 16% el número de jóvenes que tienen acceso a la enseñanza formal más allá de la secundaria. Se confunde también el hecho ideal de que los jóvenes son aquellos que están precisamente en la etapa previa a un trabajo económico y, por lo tanto, son dependientes de sus padres y familiares adultos. Pero esto no ocurre en el 60% de los jóvenes varones que trabajan desde los 15 años, ni el 84% que lo hace desde los 20. Esto quiere decir que desde los mismos 15 años, muchos jóvenes tienen una responsabilidad o corresponsabilidad laboral temprana para satisfacer las demandas de la sociedad consumista y/o para las necesidades apremiantes de la familia. Muchos jóvenes forman prematuramente una familia como búsqueda de su propia independencia o como emancipación que les implica una difícil carga.

Un dato para reflexionar: en su libro "Valores familiares y dramaturgia social", Luis Leñero dice: "...en uno de nuestros análisis de una encuesta nacional, aparece que el 53% de los adolescentes y el 49% de los jóvenes menores de 25 años, dicen tener una muy alta compenetración con sus padres. Esto niega el estereotipo de rebeldía casi absoluto que se dice que existe entre los jóvenes frente a los adultos, al demostrarse que es mayor la explícita distancia que existe entre los adultos y sus padres, que entre los jóvenes y los mismos adultos".

El joven no es, por tanto, un sujeto separado de la realidad o en crisis permanente, empezando por su familia, la cual determina una dinámica en donde sus miembros responden a condiciones más allá de sus propios deseos, o sea, a lo social.

Para terminar le mencionaré que existe una antigua creencia jasídica respecto a la función de los progenitores, según la cual estos deben criar a sus hijos de modo de darles la sensación de que en el bolsillo hay una nota que dice: "por mí, y sólo por mí, fue creado el mundo"; y en el otro bolsillo hay una nota que dice: "no soy sino un granito de arena". Con esto pretendemos invitarle a que reflexione sobre el hecho de que hay familias que no confirman a sus hijos como individuos, pero que hacen un buen trabajo en cuanto a ayudarlos a comprender los límites y la finalidad de las cosas, para que vean que no pueden predominar por completo en el mundo. Esperemos que la lección el día de hoy haya sido para todos.

Hasta luego.

Nota
* Se trata de Mario Bejos L.

 

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