Las complicaciones de la identidad nacional

Estimado lector: agradecemos su presencia durante ocho números de nuestra particular revista; esperemos que siga desempleado o rechazado de la universidad para que pueda leerla toda. Porque el día de hoy pensamos que la Plusvalía del ocio es de interés general para quienes somos hijos precisamente de la tan mencionada ociosidad y nuestros hermanos los vicios.

Las complicaciones de
la identidad nacional

Grizzly*

Estimado lector: agradecemos su presencia durante ocho números de nuestra particular revista; esperemos que siga desempleado o rechazado de la universidad para que pueda leerla toda. Porque el día de hoy pensamos que la Plusvalía del ocio es de interés general para quienes somos hijos precisamente de la tan mencionada ociosidad y nuestros hermanos los vicios. Usted comprenderá a través de la lectura de esta sección lo que queremos transmitirle, aunque nuestro discurso sea más inocuo que el Yakult. Para empezar, nadie puede negar que vive en un mundo lleno de estrés; pero ¿cómo se expresa éste en nuestro quehacer cotidiano? Para fines prácticos y vamos a proponer un Estrés Manifiesto y Estrés Latente; ambos provocan un impacto social generalizado, en menor o mayor medida... como el último temblor.

Como dice el descuartizador: "... vamos por partes...".

Estrés manifiesto
Para entender el Estrés Manifiesto he partido del concepto de tiempo, el cual lo considero un común denominador importante en nuestro mundo actual metropolitano. En la vida cotidiana actual el tiempo ha sido dotado de un sentido distinto. Ya no es el tiempo para vivir, para disfrutar, para crecer. Ahora el tiempo parece nuestro enemigo, nuestro perseguidor (¡apúrate baboso, que ya tenemos que hacer el cierre de la revista!"). Ahora cualquier tardanza es vivida como una situación torturante, donde la velocidad se convierte en exigencia. Ante esto, se tiene que recurrir a todo un equipo logístico para anular el espacio y atrapar el tiempo con un carro más veloz, un teléfono celular para evitar la incapacidad de los públicos o un fax y otros menesteres para ciertos pudientes. Pero ¿qué pasa con nuestro tiempo libre ¿Usted, amable lector(a) ¿se ha puesto a pensar si acaso el tiempo libre puede ser estresante?

Entendamos que el tiempo libre (t.l.) es el tiempo que supuestamente aparece como propio o particular, individual o compartido; es como si cerráramos la cortina a la obligación. Pero veamos que el t.l. no es un tiempo de reposo y recuperación de energía. Se nos ha impuesto una libertad en el tiempo para el consumo, lo cual hace que el t.l. tome un carácter fundamental en la producción, actuando como reproductor del sistema de mercado. Ahí, en el t.l., es donde los individuos (trabajador, mujer, niño, viejo, joven, etc.) se convierten en consumidores de bienes y servicios. Entonces, el t.l. --del cual se esperaba satisfacción-- acaba siendo un espacio sometido a la frustración y al estrés. Sobre todo si no se vive como lo sugieren los comerciales o el Hola. Los mensajes podrían traducirse así: "Si no vas a un mall de compras con tu familia, entonces no debes disfrutar; si no eres parte de los nuevos valores juveniles de chupe, no estás del todo íntegro; si no tienes el cuerpo de la chava del comercial, eres una inútil desorganizada; si no vas a Miami a ver microbikinis, eres un subdesarrollado o, más concretamente: y tú ¿quién eres, que no compras el calentario de la Trevi, ni compras con Pilón, ni sabes inglés, como lo sabe el perrito, etcétera. ¿Ante esto, la moraleja o condición es que, si no consumimos como nos lo sugieren --odisea imposible--, entonces estamos mal con nuestra forma de vivir. El tiempo libre, por ser el ámbito donde se depositan más expectativas de gratificación, se encuentra también más sometido a la frustración.

Ahora bien, hablar de ocio en una sociedad donde todo es Time is money, se vuelve un absurdo. Ocio es el tiempo de nuestra vida que implica solamente la decisión de no hacer nada, consiguiendo así un tiempo de sólo estar, un tiempo que los orientales valoran mucho por ser el tiempo de la meditación; en occidente, en cambio, despreciamos y condenamos este tiempo. Cuando el ocio podría ser, como lo sugería E. Pichón R., "...la actitud mental que nos permite dedicarnos a una determinada actividad sin pensar antes en los resultados útiles o prácticos inherentes a ella. La actitud contemplativa puede ser sellada como un ingrediente del ocio, el cual amplía el campo visual del individuo y le permite captar aspectos de la vida que habían permanecido ignorados por él, bajo la presión de las necesidades existentes". El que no disfruta su ocio se paraliza (ojo adolescentes); no propone, no se gratifica y, por lo tanto, impide la posibilidad a la creatividad y encuentra una solución que es la droga, ya sea para movilizarse (cocaína, anfetamina) o para contemplar (mariguana). El Tiempo Libre, entonces, acaba convirtiéndose en un tiempo de autoexplotación y tensión. Tendríamos que ser capaces de aprender a vivir con la contradicción entre el consumismo que se impone a contracorriente y nuestros valores de libertad, goce y plenitud.

Estrés latente
En esta segunda parte podrá usted notar que el estrés latente es generalizado y también tiene como consecuencia la frustración, la incapacidad para rescatar la autoconfianza y, de una manera muy particular, ubicar la amenaza a nuestra identidad. Pero como andamos ahora con un rollo social, diremos que este estrés es que se refiere a la Identidad Nacional. Entiendo por ésta, el grado en que una comunidad determinada es capaz de internalizar ciertos deberes y derechos cívicos. Seré más preciso: la nación es una comunidad humana estable, históricamente formada y surgida de la base de la convivencia, el idioma, el territorio y, de manera particular, la vida económica, así como la creación de su propia cultura, considerando todo lo anterior.

Los síntomas o expresiones en la sociedad de este estrés latente que producen la amenaza de nuestra Identidad Nacional son cientos, pero les invito a la reflexión de ciertas expresiones cercanas y representativas. Para lograr lo anterior, quiero enmarcar estas observaciones en el Tratado de Libre Comercio (tlc). Aclarando que no se trata de un análisis del denso documento --creado por los Tres Caballeros: Pepe Carioca, el Pato Donald y Pancho Pistolas--, sino que se trata de una invitación para compartir algunas premisas con los adictos de esta sección.

El tlc (Te Lo Creíste) implica un desafío a la Identidad Nacional de cada uno de los participantes (ahora sí: Canadá, Estados Unidos y México). El concepto de soberanía tiende con este tratado a cuestionarse. Para nosotros los mexicanos, existe ahora una imagen de un país que se integra a la economía mundial sin que quede explicitado qué sucederá con su Identidad Nacional. Ahora seremos miembros del bloque geográfico de América del Norte (aunque los gringos todavía nos vean como América del Sur); nuestra solidaridad (la de adeveras, no la del programita político-orejón) latinoamericana, bajo el sueño de Simón Bolívar, dará mucho que desear. América del Norte ya no acabará en el Río Bravo; su frontera se desplazará al Suichate en Guatemala. La amenaza para esta nueva América será el Mercado Común Europeo o la gigante maquila amarilla del ya no tan lejano Oriente. No será sorpresa que en un futuro cercano nos ofrezcan la unión de las tres culturas gastronómicas del TLC, algo para nuestro post-moderno paladar, por ejemplo: imagínese, rehabilitado lector(a), unos Tacos de Reno con Salsa Barbiquiú o unos Tamales de Águila real envueltos en hoja de Maple, hamburguesas de nopales con escamoles, hot-dogs de barbacoa al estilo monarquía canadiense y de postre una nieve del Niágara, sabor zapote con crema filadelfia, etcétera.

Otra amenaza latente que provocó gran estrés fue la relacionada con la elaboración del libro de Texto Gratuito de Historia. Esta expresión se caracterizó por lo encarnizado de su discusión. El motivo, una falta de uniformidad pero, sobre todo, por el hecho de que todos opinábamos con relación al tema. Cualquier ciudadano con educación básica tendría algo que decir. No participábamos con la misma libertad en el caso de los libros de biología, física o química. Todo esto nos lleva a reconocer que el estudio de la Historia está estrechamente relacionado con nuestra historia personal y, por consiguiente, con nuestra identidad presente. El estudio de la historia en el aula se convierte en un trabajo estresante de por sí, ya que se convierte en trabajo mnemotécnico, o sea, puro ejercicio de memoria, tanto de nombres como de fechas y datos que no tienen relación aparente entre el sujeto que aprende y su mundo actual. Insisto: evocar la Historia en general nos lleva a repensar la nuestra. De aquí que el maestro deba estar capacitado para mostrarla, como un pasado vivo o relacionado con el presente, con posibilidad de cuestionarse y de enriquecerse para que haya sentido el interés en su abordaje. La Identidad Nacional nos remite a su vez a la Identidad Comunitaria y, por supuesto, a la Identidad Familiar.

Del nacionalismo surge la necesidad de reivindicarla. Handman, en 1921, ya había hablado de Nacionalismo de Prestigio diciendo que, cuando una Nación se evalúa en forma negativa, tiende al rescate de los logros históricos anteriores que pudieran servir para recuperar ese respeto perdido. Petición: "¡Se buscan héroes nuevos!" Respuesta: ¡No hay!" Hace tres años hubo una muestra de esto, en la celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América. En dicha celebración, la hispanidad fue cuestionada en forma agria por los afrentados criollos e indígenas que intentaban rescatar su dignidad, con marchas, ataques y derrumbes de estatuas y otras actitudes que mostraban la anticelebración que el errático marino genovés jamás imaginó provocar. El ezln maduró la demanda en 1994.

Es evidente que aparece de nuevo el cuestionamiento de Identidad como fantasma social, implorando sus verdaderas raíces. Después viene la revancha y Disney nos manda la "Pocahontas", princesa india de la tribu Powhatan, primera heroína de rasgos no caucásicos, la malinche de los gringos, que pasó a ser leyenda porque en 1607, cuando ella contaba apenas con 12 años de edad, salvó al capitán británico John Smith, prisionero de su padre, que era la cabeza de los Powhatan, habitantes del actual Estado de Virginia. Para los niños fue una preciosa historia perfectamente computarizada. La verdadera Pocahontas, dicen los historiadores, ni se enamoró ni salvó a John Smith, sino que fue raptada brutalmente por los colonizadores y usada como rehén; de ahí el tener un vestido roto en el hombro. Fue bautizada como Rebeca y se casó con un blanco llamado John Rolfe, plantador de tabaco. Éste la llevó a Inglaterra, donde fue exhibida como fierecilla domada y finalmente murió de tuberculosis, justo a la víspera de regresar a América a los 22 años de edad. Paciente lectora, no se deprima. Lector soñador, ubíquese.

La cotidianeidad de la conquista se dramatiza entre el naco y el junior, entre el América y el Guadalajara, entre Televisa (Cortés- Azcarraga) y Televisión Azteca (se ha definido al Naco por ser indigenista, resentido, desposeído... el que estorba para el desarrollo).

Por último, el estrés es fomentado por nuestra decadente vida económica. No hace mucho nos quitaron los tres ceros del peso para fines prácticos (¡uf! qué detallazo). Se esperaba que ya pudiéramos hablar en pesos de nuevo, de un varo ¿A poco usted ya dejó de decir cinco millones para referirse a 5 mil nuevos pesos? ¿Acaso no piensa en los porcentajes de inflación imaginándose los tres ceros a la derecha? Porque aunque le quiten los ceros no alcanzamos al dólar. La vieja fórmula dice que, a mayor frustración y tensión, mayor violencia. Estos aspectos planteados ¿tendrán que ver con el aumento de la violencia en nuestro país? La respuesta tardará unos 5 años en responderse... nomás que acaben de transmitir todas las películas de sexo y violencia que todavía están enlatadas, o que las universidades incluyan en la currícula materias sobre Autoritarismo post-moderno, Impunidad Nacional, Abordaje de Situaciones en Crisis Cotidianas, Violación a los Derechos Humanos en el nuevo esquema monetario, Cinismo Ecológico, o cualquier ficción que a usted le gustaría patentar para distraerse del estrés manifiesto y del latente. Bienvenidos a la Plusvalía del Ocio.

Nota
*Se trata de Mario Bejos L.

 

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