Los personajes de Cri Cri y el mundo de las adicciones (segunda y última parte)

Recién el quince de octubre se cumplieron sesenta años del nacimiento del personaje de Cri-Cri; que viene del francés grillo, Gabilondo Soler interpretaba canciones en la radio para comerciales, haciéndose llamar el guasón del teclado (nada que ver con Batman). Quien iba a pensar que el compositor crearía más de doscientas canciones utilizando como mascota a un tierno grillo

Los personajes de Cri-Cri y el
mundo de las adicciones
(segunda y última parte)

Mario Bejos L.

Recién el quince de octubre se cumplieron sesenta años del nacimiento del personaje de Cri-Cri; que viene del francés grillo, Gabilondo Soler interpretaba canciones en la radio para comerciales, haciéndose llamar el guasón del teclado (nada que ver con Batman). Quien iba a pensar que el compositor crearía más de doscientas canciones utilizando como mascota a un tierno grillo que sostenía una hoja de naranja a la que le arrebataba dulces sonidos de violín supuestamente, lo que desmiente aquello del grillito cantor. Esto no le quita que haya impactado a varios millones de hispanoparlantes por varias generaciones, con su creatividad que le permitía crear letras para canciones que afortunadamente no cayeron en el simplismo ramplón con el que algunos compositores modernos caen cuando intentan seducir el gusto de nuestros enanos, a los cuales les puede atraer con mayor impacto la Gloria Trevi, Luis Miguel, Maná (¡Guac!), Bronco, Garibaldi (¡Superguac!) y otros grupos magnetopromocionados. Porque, eso sí, Don Gabilondo Soler tenía el éxito de su trabajo exclusivamente enanos de su público y no de una gran campaña de mercadotecnia.

Entre 1956 y 1959 grabó sus cuatro primeros y más conocidos acetatos. Vendió más de diez millones de copias y no bailaba hacia atrás como el Jackson (el despintado, no el senador Jesse). No falta el güerito en la sopa y en 1942 se le aparece un auto con llantas de cara blanca que él percibe desde el sótano donde trabaja. También se percata de unos grandes pies (remember el ratón vaquero) que son del hombre que baja de ese carrazo. ¿Adivinan quién era?, la respuesta la tiene el joven con orejotas a muy mi derecha, nada más y nada menos que el señor Walt Disney, que le vino a hacer una proposición indecorosa al grillo de Don Gabilondo. Unos dicen que visitó México únicamente para hablar con el susodicho autor, pero otras referencias hablan de que el gabacho vino a degustar unos hongos con Doña María Sabina; desconocemos si fue en las mismas fechas o si la segunda experiencia fue en fecha posterior, o sea por los cincuenta o los sesenta. Lo importante es el aspecto premonitorio de Don Gabilondo que podría equipararse al genio de Julio Verne o del astrólogo y médico francés Nostradamus.

La razón de equipararlo con este último nos la da la canción "La olla y el comal" escrita en 1949, donde el segundo se queja de la demasiada cercanía de la primera, que fácil le hubiera sido útil a Konrad Lorenz, el etnólogo austríaco, para afinar su teoría del espacio vital, nada más escuchen lo que le dijo el comal a la olla "... cuando bruja, no arrebuje. Con sus tiznes me ha estropeado ya de fijo la elegancia que yo truje...". Como es notorio, no se trata de que el otro invada la burbuja que protege mi individualidad, sino que también la distancia sirve para evitar que me arruguen la raya del pantalón o el plisado de la falda.

Otro aspecto premonitorio para reconocerle al veracruzano cantautor es haber adivinado el título de esta sección en la canción del ropavejero o tlacoache, que pasó a ser parte de los oficios perdidos de esta gran ciudad. El susodicho cargaba un tambache donde metía "...cachivaches y para comprarlos suele pregonar: botellas que vendan, chamacos malcriados, tiliches chamuscados y trebejos cuatrapeados...". La cuestión es que Cri-Cri ha dado tanto que hasta esta sección se ha visto favorecida para la fantasía.

Don Gabilondo Soler también vivió la censura de su época. Una canción infantil que causó agrios comentarios fue la de "El jicote aguamielero". La historia tiene como escenario el panal donde se encuentra la abeja reina libando miel y llegó el humilde jicote a pedirle su corazón. Éste venía de un maguey, lo que ofende ala dama por el atrevimiento del bigotón igualado. Humillado el galán le contesta: "...creí que éramos iguales asegún la constitución, la suciedad (sic), sin clases la creí, pero ya vio (sic) que no". Éste insiste y se gana el insulto de prieto y barrigón que no cuadra con las ambiciones de la dama alzada. Fruncido quedó el jicote reiterando (con voz de pulquero): "...adiós reinecita hermosa, que me trató tan mal, pero asegún las leyes del país, aquí todos son igual". Y para demostrarlo se fue a las pencas del maguey donde es el rey. Desconocemos si lo subversivo para la mentalidad de allá y entonces era la de ser un tema de pulqueros y condesas o la conciencia social del representante popular aguamielero, que desafiaba a todo el poder del Estado, mientras se ligaba a la nalgona abeja reina.

Otra canción de interés para esta sección es la de "Bombón 1º" (desconocemos si existe la segunda parte) o quizás usted la reconozca como la canción del "Rey de Chocolate". Efectivamente, con un fondo musical equiparable a la marcha de "Pompa y circunstancia" de nuestro amigo Sir Edward Elgar, ente Cri-Cri a relatarnos la historia de un rey que bien podría ser un narcotraficante, vea usted si no: "...hubo un rey en un castillo con murallas de membrillo, con sus patios de almendrita y sus torres de turrón. Era el rey de chocolate con nariz de cacahuate, y a pesar de ser tan dulce tenía amargo el corazón". Usted lector empieza a seguir la metáfora de estas murallas edificadas en Guadalajara, Sinaloa, etcétera, rey de chocolate porque todo lo que obtenía era chueco, o sea, no legal y no se diga esa nariz congestionada por el uso de cocaína, que la tiene como si trajera un cacahuate. Esta nariz ya no le sirve para respirar, sino nada más separarle los ojos. Con todo esto, inferimos que el pobre tipo, por más dinero que posee, simplemente no es feliz. Sigue Don Gabilondo: "la princesa caramelo no quería vivir con él, pues el rey en vez de pelo le brotaba pura miel". Los analistas de este panel al intentar interpretar dicha estrofa no se ponen de acuerdo si la distancia de la princesa es porque el rey, o era muy empalagoso y celoso o porque tenía eyaculación precoz o de plano porque tenía un paje pirulí. Y una hipótesis más, porque el "marqués de piloncillo, mayordomo del castillo, lo ha limpiado con la lengua para que se case con el rey", usted paciente lector ayúdenos.

 

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