Savater en el armario de los trebejos (Diez tesis comentadas con humildad)

En esta ocasión, quiero comentar un escrito de gran importancia para quienes trabajamos en el mundo toxicológico en sus distintos niveles de abordaje. Se trata de las "Tesis sociopolíticas sobre las drogas", incluidas en el libro Ética como amor propio, del gran pensador español Fernando Savater, que nos regaló hace 20 años. La distancia en tiempo de esta publicación permite hacer ciertas reflexiones, y las comentaré como una forma de evaluar, a la fecha, el gran fracaso que ha sido el abordaje social de las adicciones. Sobre todo si se observa que la visión moral ha irrumpido en el trabajo clínico y social de los especialistas en el ramo,

Savater en el armario de los trebejos
(Diez tesis comentadas con humildad)

Mario Bejos L.

Desde hace mucho tiempo rondaba por mi mente la idea de hacer este trabajo, y LiberAddictus fue el mejor pretexto para hacerlo. Agradezco la oportunidad y, al mismo tiempo felicito a quienes tercamente han insistido en mantener por cien números esta publicación, sobre todo a quienes la han aprovechado para hacerse escuchar, en relación con las ideas que surgen del trabajo cotidiano en el consultorio y en las instituciones que se dedican a los temas que enmarcan esta publicación desde sus inicios. A todos ustedes, ¡felicidades!

Este escrito corresponde a "Armario de los Trebejos", sección que fungió durante los primeros números de Addictus, como un espacio lúdico y ocioso, para pensar en la cotidianeidad tóxica de nuestra contradictoria y moralista sociedad.

En esta ocasión, quiero comentar un escrito de gran importancia para quienes trabajamos en el mundo toxicológico en sus distintos niveles de abordaje. Se trata de las "Tesis sociopolíticas sobre las drogas", incluidas en el libro Ética como amor propio, del gran pensador español Fernando Savater, que nos regaló hace 20 años. La distancia en tiempo de esta publicación permite hacer ciertas reflexiones, y las comentaré como una forma de evaluar, a la fecha, el gran fracaso que ha sido el abordaje social de las adicciones. Sobre todo si se observa que la visión moral ha irrumpido en el trabajo clínico y social de los especialistas en el ramo, ya que tenemos que solventar, en primer lugar, una serie de obstáculos estereotipados y absurdos, para después hacer nuestra labor en el área que nos corresponde, que es nada menos que el de la salud. No sólo la del individuo consumidor, sino también de su familia nuclear y extensa (hijos, pareja, padres, compañeros de trabajo, etc.); todos estos actores inmersos en una sociedad contradictoria que pretende determinar cómo debe de comportarse un ser social responsable y sin vicios en su contexto comunitario.

Las tesis sociopolíticas sobre las drogas
Savater sugería que su trabajo sirviera para orientar un debate (que, por cierto, en 20 años no he atestiguado en México) que evitara que prosperara una histeria punitiva y "la demonización de los productos químicos y personas, la desinformación patológica y la descarada fabulación pseudocientífica".

Primera tesis: Todas las sociedades usan drogas con distintos fines y las han adorado y abusado de ellas con la finalidad de experimentar con la conciencia.

Comentario: Los seres humanos nos diferenciamos del resto de los animales porque tenemos conciencia de nuestra finitud (además de la religión, la política, la risa, etc.). Este argumento explicaría porqué los seres humanos nos intoxicamos permanentemente con drogas legales o ilegales, ya sea para estar in o para estar out, con tóxicos líquidos, sólidos o gaseosos, variando la vía de administración, para estimular o deprimir esa conciencia. Por lo tanto, no se puede decir que un país estará "libre de drogas". Para quienes trabajan en este campo, les ofrezco una respuesta que elimina cualquier moralina o campaña política absurda: "Mientras haya tierra, habrá drogas", lo que nos indica que el problema no son éstas, sino sus usuarios y quienes pretenden regular dicho consumo. Este asunto se encuentra documentado desde mucho antes de los tiempos bíblicos.

Las autoridades han fracasado al intentar partir de la falsa creencia de una pureza psíquica y corporal, que, por ideal que sea, no coincide con la angustia provocada ante la posibilidad de dejar este cuerpo y este mundo. En un muro en Madrid se podía leer: "La muerte está tan segura de sí misma, que nos da una vida de ventaja". Esta realidad ineludible nos hace efímeramente eternos, y con las drogas queremos acentuar las notas del pentagrama cotidiano, de una sinfonía que no sabemos con precisión cuándo acabará.

Segunda tesis: En nuestra sociedad contemporánea hay una realización compleja plural de la libertad, que incluye la política, la de expresión, la opción religiosa, la de la expresión artística y sexual, entre otras. Esto se extendería a que el individuo tiene una libre disposición de su cuerpo y experimenta con todo los que su mundo le ofrece, incluyendo su propia destrucción.

Comentario: Mi agregado tiene que ver con la insistencia de considerar sin reservas, que los seres humanos tendemos a modificar a voluntad nuestro pensamiento y nuestra conducta. Abundando sobre la primera tesis, quiero ofrecer una idea: Un niño puede girar sobre su propio eje hasta conseguir marearse y, a voluntad, sentir que el mundo se mueve como realmente no lo está haciendo (modificación del pensamiento), y que su equilibrio rebasa su deseo de controlarlo (modificación de la conducta), lo que hace divertida esa experiencia semejante a lo que sucede en los juegos mecánicos, que hacen "mover" el líquido de los canales semicirculares del oído (laberinto). Asumimos que esto es divertido y que es absurdo crear una campaña "Di no a las vueltas" y una policía especializada en sancionar ese atrevimiento a los padres que sugieran figuras de ositos, conejos , perros o pájaros en la formación de las nubes, porque propician "alucines" que derivaran en posteriores estados delirantes. Suena absurdo, ¿verdad? Guardando las debidas proporciones con las causas que propician el consumo ávido y constante de las drogas, asumamos que los seres humanos somos psiconautas por definición, o sea que tendemos a explorar nuestro sentir, arriesgando nuestra salud y nuestra libertad, desafiando permanentemente las razones sanitarias y legales que pretender "prevenir" el uso de drogas, que muchos utilizan porque simple y sencillamente, les alivia temporalmente su existir, como también para soportar las contradicciones sociales dadas por nuestra convivencia, el desarrollo económico, el deber ser, etcétera.

Tercera tesis: "Prohibir la droga en una sociedad democrática es algo tan injusto como prohibir la pornografía, la heterodoxia religiosa o la política, la divergencia erótica, los gustos dietéticos." Savater menciona también cómo el Estado se atribuye la labor de determinar lo que es mejor para nuestra salud. Habla de un "Estado Clínico".

Comentario: No es nada descabellado hablar de un Estado codependiente o coadicto, entendiéndolo como la forma irresponsablemente acomedida del Estado en que pretende "salvar" a sus pobladores de un ejercicio de voluntad, por encima de las ansiedades que el mismo Estado genera. Algo parecido sucede en las familias psicotóxicas, donde existen "ganancias secundarias", caracterizadas por tener a un adicto en casa, que es utilizado perversamente para depositarle las ansiedades no resueltas, de los aun no diagnosticados como problemáticos y que, gracias a la apabullante Opinión Pública, se somete a aquel que manchó el apellido. Lo mismo pasa con quien gobierna. De hecho, alguna vez escuché la siguiente: "Mientras el ciudadano se intoxica, el Estado se fortalece". Personalmente lo creo, ya que por experiencia propia, no he encontrado aún la resonancia necesaria para atender la demanda de sustancias en nuestra sociedad (capacitación, atención especializada para la mayoría poblacional, etc.). El mismo concepto de enfermedad no se asume porque tendría un altísimo costo para los servicios de salud y para las empresas que venden seguros de gastos médicos. El Estado apenas está considerando la demanda, ya que el ataque a la oferta de drogas (armamento, radares, cultivo de tierras, etc.) ha salido muy costoso y generalmente sus combatientes acaban siendo devorados por la corrupción de los narcos.

Cuarta tesis: "El problema de la droga es el problema de la persecución de las drogas."

Comentario: En otros momentos he tomado el decir de Paul Wastlawick, quien en su libro ¿Es real la realidad? denunciaba que el ataque a la droga ha causado más víctimas que la droga misma. Además de lo ya sabido por todos, la clandestinidad ha hecho que los vendedores de drogas ilegales adulteren las sustancias a su capricho, complicando la rehabilitación de sus consumidores y que no encuentren posibilidades de denunciar, porque implicaría condenarse a sí mismos. Por lo tanto, no existe un derecho a defenderse del abuso del vendedor porque se sufriría el abuso de la autoridad, generando un ciclo de conformismo, gangsterismo, etc., sin considerar las adicciones fomentadas por médicos sin suficiente capacitación, que actúan iatrogénicamente al recetar narcóticos trasnacionales, cuyo consumo sin supervisión tiene consecuencias para el paciente y sus familiares, muchas veces más complicadas que en un consumidor de sustancias ilegales.

Quinta tesis: "La persecución de la droga es derivación de la persecución religiosa: hoy la salud física es el sustituto laico de la salvación espiritual." Más adelante el autor agrega: "Se fomenta así un miedo al espíritu (¿qué tendremos dentro que la droga pueda liberar?)."

Comentario: Concuerdo con Savater en que sabemos y asumimos que hay drogas que pueden ser peligrosas, como también puede resultar el alpinismo, la minería, la guerra, etc. Entendamos que la vida en sí misma es un riesgo, ya que no podemos vivir o más bien vivimos para cuidarnos de no morir, no podríamos hablar de muerte y todo lo que se aproxime a ella, si no estuviéramos vivos. Agrega Savater: "Hay gente que ha muerto, muere y morirá por causa de las drogas: pero recordemos, a) que la vida que pierde es suya, no del Estado y b) que su muerte puede deberse no a la sustancia misma que desea tomar, sino a la adulteración de ésta, la falta de información y formación de su manejo, el hampa que rodea al tráfico de droga a causa de la prohibición".

No menos importante son los grupos de autoayuda, cuyo auge ha desvirtuado su intención y filosofía inicial. Tanto aa como na y sus derivaciones han contribuido a retirar de circulación a un considerable número de ciudadanos que cayeron en los trucos de la publicidad y en las habilidades de los vendedores de droga (que ambos tratan a los ciudadanos como personas responsables y capaces de tomar decisiones, mientras que el Estado y, por consiguiente, las familias los tratan como incapaces de cuidarse a sí mismos); usuarios cuyas circunstancias emocional y económica hacen que encuentren un modelo popular y gratuito en el Programa de los doce pasos. Programa éste que no lucha contra el alcohol u otras sustancias, sino que se ofrece como un programa de vida, con la condición de mantenerse abstinente. El problema es que el Estado sabe que no tiene opciones suficientes para atender a esa población amilanada por su autoengaño de querer encontrar una libertad encerrándose en su confusión y neo-prejuicio en contra de quien pretende señalarle su absurdo. Estas personas llegan a grupos instalados como Anexos o Granjas donde, más allá de la contención ofrecida "gratuitamente", se violan los derechos de los usuarios y, en el intento de confrontar la soberbia que les impide mirar su realidad dolorosa y las consecuencias decadentes a su alrededor, acaban destruyendo su autoestima y su autoconfianza, y se convierten en "patrulleros de la sobriedad", sin haber establecido previamente un diagnóstico, salvo el señalado por la familia: adicto, que no es más que un estigma moral, otorgado por alejarse demasiado de los valores hogareños y desafiar la heráldica del apellido de quien le dieron una razón de ser.

El concepto de recaída es otro conflicto, ya que una persona con problemas de consumo tendrá que mostrar una férrea actitud ante las tentaciones del contexto donde se desarrolló su problemática. Frente al eslogan "Tú sabes cuándo, y tú sabes cuánto" La droga confirma "Sí, aquí estoy cuando quieras". Al salir del internamiento, sea de una clínica o de un anexo, el usuario deberá seguir las instrucciones de no consumir "Sólo por hoy"; sin duda un recurso loable, que se puede convertir en la nueva manera de ser vigilado por la familia y por los padrinos del programa de recuperación. Si falla, es decir, si el usuario consume de nuevo, sin importar cantidad, será un "recaído" que no logró sostenerse en la abstinencia, "traicionando de nuevo" las ilusiones de quienes lo quieren y apoyaron. Los especialistas en el tema hemos observado que si no se hace una adecuada evaluación del caso, incluyendo a los miembros "preocupados y amorosos", tendremos un "adicto al fracaso", rodeado de mortificados impotentes. Se inaugura, pues, la nueva fase de la codependencia, ya que los familiares esperan, y así fueron aleccionados por los "pastores" de la sobriedad, que el ahora adicto rehabilitado controle, a como dé lugar, lo que antes fue su ansiolítico (alcohol, marihuana) o antidepresivo (cocaína, tachas), aunque no haya resuelto los conflictos que seguramente están ocultos y enquistados, maquillados por el llamado adicto, en detrimento de su lucidez.

Sin duda, vale la pena aclarar que no fomento el consumo ni comparto la postura maniquea abstinencia-buena/intoxicación-mala, sino que busco distinguir la diferencia entre Terapia Breve y lo que podría llamarse, a partir de aquí, Terapia "Brava". Una metáfora útil es el espectáculo de la lucha libre, o sea, "rudos y técnicos". Mi llamado en este caso es a complementarse y no desvirtuarse, en la ya de por sí compleja labor del tratamiento y la recuperación. No es la abstinencia lo que debemos enseñar, sino el autodominio, decía Gabriel Matzneff.

Sexta tesis: Los drogadictos quieren en algún momento regular o abandonar su consumo que se convierte en destructivo. Este deseo es tan válido como querer divorciarse, cambiar de religión, modificar su sexo o renunciar al terrorismo. La sociedad está para ayudar, en lo posible, a que los individuos realicen sus deseos y rectifiquen sus errores. La vida y la convivencia social están llenas de accidentes y tropiezos (naturales o inducidos). Dice Savater "También hay accidentes laborales y, que yo sepa, nadie ha hablado todavía de prohibir el trabajo o el tránsito vial."

Comentario: Efectivamente, nadie se embaraza para después abortar, ni nadie empieza a consumir drogas, legales o ilegales, con la idea para hacerse adicto o alcohólico. Es un proceso complejo y está multideterminado, incluso por el tiempo. Desde hace diez años aproximadamente se ha venido considerado incluir en la currícula universitaria el tema de las adicciones. Solíamos reunirnos en grupos motivados por atender ésta problemática y bromeábamos con la idea de que parecíamos un grupo clandestino dedicado al tema de las drogas. No los éramos, pero parecía porque lo hacíamos sin un aval académico.

La capacitación sigue siendo necesaria y su profesionalización es costosa, pero no tanto como la que reciben los soldados o policías. Una ametralladora cuesta lo que serían 16 horas fructíferas de trabajo creativo. Un helicóptero equivaldría a la creación de material lúdico para una comunidad de 1,000 jóvenes que, a su vez, podrían multiplicar ideas inteligentes si no resistieran la tentación de participar en actividades recreativas, deportivas y culturales, que exponencialmente superan el número de las opciones que ofrece la droga en todo el mundo.

Seguiremos esperando que el Estado obtenga un radar que le indique que la solución al problema de las drogas tendría mayor éxito si se atiende desde donde surge la demanda: la familia de los jóvenes. Éstos buscan un absurdo refugio en tóxicos que resultan atractivos por el velo de misterio que socialmente se les otorga.

Séptima tesis: En la incomprensión del uso cotidiano de sustancias, se equipara despenalización de las drogas y legalización del crimen (violación o secuestros). Savater afirma: "nada es más distinto, pues estos delitos tienen como primer objetivo el daño a otro en beneficio propio, mientras que ninguna droga es en sí misma un mal, sino que puede llegar a serlo por las circunstancias de su uso".

Comentario: Claro que despenalizar es distinto de legalizar. Si se diera la primera, los consumidores no serían perseguidos por las autoridades y entonces sí existiría una concepción de adicto como identidad social y de atención publica, que implicaría determinar con precisión qué es una droga y cuánta cantidad se permitiría poseer para uso personal. En el caso de la legalización, el Estado tendría que responsabilizarse de abastecer a la población de alternativas tóxicas, con la vigilancia de las autoridades sanitarias y jurídicas, para evitar daños graves a ciertos sectores sociales, evitar la pandemia y establecer tratamientos adecuados y profesionalizados para quienes fueron rebasados por su torpe manejo de su deseo y ansiedad. También implicaría un adecuado control de la distribución de sustancias (incluso alcohol, tabaco, analgésicos y barbitúricos) para evitar su comercio clandestino. No menos importante sería evitar que las trasnacionales empaquen nuestra propia producción de marihuana para vendérnosla más cara, como lo hacen actualmente con nuestros jitomates, fresas, etc. Por último, si con las drogas actuales que se consumen (alcohol, tabaco y barbitúricos, etc.) tenemos poca capacidad de atención profesionalizada, ¿que pasaría si se despenalizara una más? Que quede claro: no me niego a la discusión sobre la ganancia del narco y la demanda de la población estresada. Pero sugiero no hacerlo desde la moral que se centra en la voluntad del otro sin observar la propia. Mi comentario se basa en las experiencias acumuladas por una serie de profesionales que hemos tenido oportunidad de atestiguar notorios fracasos, pero también enaltecedores logros con los consumidores y sus familias.

Octava tesis: La más compleja. "El daño a la salud pública es el principal argumento actual contra las drogas, detallándose los muertos por sobredosis, horas de trabajo perdidas, etc., pasando a segundo plano los motivos condenatorios de índole moral, que durante siglos ha motivado su persecución." "[...]si antes la guerra fue considerada la salud del Estado, hoy la salud puede ser la principal guerra del Estado, dando la impresión de un activo esfuerzo político en un campo que goza de reputación unánime[...]". "¿A qué otra actividad mejor podrían dedicarse las primeras damas de los países, dado que besar a niños desconocidos en concentraciones públicas puede acarrearle a una el sida?" Insisto en citar al autor, ya que me es imposible resumir este momento de su reflexión. "Pero la compasión por la muerte y el dolor ajeno ya me parecen razones menos creíbles. Primero, porque la mayoría de las drogas no matan a nadie y muchas suprimen muchísimos más dolores de los que causan. Segundo, porque las que matan, matan mucho más por la adulteración o la circunstancia clandestina de su empleo (ignorancia de la dosis, jeringas contaminadas) que por la nocividad del producto mismo. Si tanto preocupase a los gobiernos las muertes y los sufrimientos provocados por las drogas se apresurarían a despenalizarlas". Y remata así: "El gran Macaulay, en su Historia de Inglaterra, afirma que 'los puritanos no odiaban la caza del oso con perros porque produjese daño al animal, sino porque daba placer a los espectadores'. Me temo que aquí ocurre algo parecido".

Comentario: Ninguno.

Novena tesis: Otro argumento contra las drogas y a favor de su enérgica persecución legal, es su incidencia entre los jóvenes. La razón de esta extensión es la prohibición misma y el negocio que procura, motivo de que los traficantes quieran extender su mercado entre personas más ingenuas, más atrevidas. "Para aquel a quien toda intensidad vital le ha sido hurtada, la lúgubre marginación letal de la droga más condenada le confiere una ocupación absorbente y siniestra. La mítica Droga permite hablar de ella como la causa de males juveniles, cuando en realidad no se trata más que del efecto de una situación social."

Comentario: El fracaso de las campañas sociales con fines preventivos, basados en la amenaza ético-jurídica, la exposición de terribles consecuencias para la salud de quien se atreva a consumir tóxicos, o la súplica inútil de los padres mortificados por unos hijos que consideran ajenos cuando solamente están creciendo, con los riesgos que esto conlleva, pero también con los valores que aquellos otorgaron en su momento, han sido estrategias poco útiles en la práctica misma. Cuando se habla de daños a la salud, el Estado no logra ser convincente, y el ciudadano entiende que la salud que está arriesgando o dañando es la propia, inclusivo en aquellos casos donde el consumo no ha pasado a ser más allá de su voluntad, o sea, una adicción propiamente dicha. Si el ciudadano no alcanza a ser del todo responsable de su conducta y pensamiento es por la desmedida oferta de drogas legales, analgésicos, sedantes-hipnóticos, anoréxicos y estimulantes, para rendir con menos horas de sueño y no se diga de su majestad el alcohol, que majaderamente se ha establecido en la población como la "mejor" alternativa durante el uso del tiempo libre, con la complicidad siniestra de vitivinicultores de bebidas destiladas y fermentadas que en su voracidad, le han puesto nombres a los lugares de recreación, asociados al alcohol, con edecanes también jóvenes que promocionan el espirituoso elíxir. Y del tabaco ni se diga. Se ha comprobado que la nicotina es cuatro veces más adictiva que la heroína, de hecho es la droga (nicotina) más difícil de tratar por su número constante de recaídas a pesar de no ser notablemente psicoactiva, circunstancia que le favorece a la subcultura de sus adeptos. Por lo tanto, cómo regular una persecución tan ardua, incluyendo el narcomenudeo, cuando existe ésta tan marcada, tolerada y fomentada cultura tóxica que he denunciado por cerca de 15 años.

No menos importante es señalar que carecemos de héroes o figuras sociales a quien admirar, por lo que los narcos llegan a ser el modelo a seguir para los jóvenes que desean poder, habilidades y cinismo, en compensación de sus limitantes cotidianas. Además, agrego lo que les menciono a los padres de familia en conferencias o en la consulta cotidiana: "Los padres temerosos, hacen hijos temerarios". Todavía falta mucha exploración con relación a este problema social; apenas estamos revisando el problema para abordarlo. Quizá sea un avance, pero espero que encontremos la forma de convencer a los usuarios de sustancias, de que se cuiden a sí mismos de sí mismos.

Décima tesis: Se asegura que la droga es la causante de la degradación moral de la población. "Como ante la droga nadie puede ser libre, la única forma de garantizar la salud moral del pueblo es retirar la ocasión de pecado. La base de cualquier propuesta moral, que es precisamente el dominio de sí, no merece ni estudio: estamos condicionados por la irresistibilidad del mal."

Comentario: Imagínese apreciable lector(a) que tenemos a un(a) ciudadano(a) que cumple con la gran mayoría de sus obligaciones sociales, como pagar sus impuestos en tiempo y forma. No recibe consideración alguna de condonársele recargos, porque simplemente cumple a tiempo con el predial, tenencia, agua, soporta los abusos en su recibo de teléfono, paga "el involuntario error" de la compañía de luz que le exige un estratosférico pago para no cancelarle el servicio, con la promesa de que después aparecerá el descuento en su recibo. No aparece en el buró de crédito y, por lo tanto, sufre del acoso diario por parte de bancos que le ofrecen tarjetas con créditos preaprobados, paquetes, premios y desayunos en hoteles, seguros de todo tipo, menos para cubrir los gastos de una internación por adicciones o por defunción. Todas estas "amables" compañías "preocupadas por nuestro bienestar" se agolpan cotidianamente ante nuestro héroe, quien a su vez, evita los tables o los stripe, no se arriesga ante la posibilidad del alcoholímetro, maneja su índice de saciedad alcohólica y es capaz de auto-observarse para evitar comportamientos nefastos, que acompañan algunas intoxicaciones de moderadas a severas. No juega al melate u otro tipo de espejismos de solvencia inmediata, ya que sabe que el mejor dinero será el obtenido por el trabajo, y prefiere no arriesgar inteligentemente su seguridad económica. No le sobra tampoco para el yak o destina cierta cantidad mensual a la Asociación Mexicana de Gatos Atropellados. Además, tiene televisión de paga para que sus hijos estén actualizados con los programas culturales (de 50 canales, sólo seis lo otorgan) de sus congéneres, a pesar de la gran cantidad de información chatarra y de los cuestionados valores que conlleva esta forma de entretenimiento.

Nuestro(a) ciudadano(a) nunca compra piratería y hasta quizá haya leído el best seller de Salinas, el Proyecto de Nación, de López Obrador, y La Revolución de la Esperanza del ex presidente Vicente Fox. Pero un día nefasto se encuentra en una reunión donde varios de sus compañeros deciden desinhibirse y abiertamente consumen marihuana, cocaína y hasta la moderna tacha. Por circunstancias que no viene al caso mencionar, ya que son imaginarias, nuestro personaje es aprendido. Se le acusa de estar intoxicado(a) y de poseer (involuntariamente) alguna mínima cantidad de droga que algún juguetón(a) pacheco(a) le "obsequió" en la bolsa del saco. Enumeré sus antecedentes para exponer que el valor de un ciudadano se vulnera completamente por el hecho de ser considerado adicto. No se establece un diagnóstico adecuado (experimentador, usuario social u ocasional o propiamente adicto que requiere ayuda profesional) lo que indica lo mucho que le falta a las leyes y a las autoridades para proporcionar una verdadera justicia a quienes consumen cotidianamente en nuestro país, y que la actitud persecutoria promueve el acercamiento a la clandestinidad y promueve la complicidad con el narcotráfico.

Esta reflexión no pretende ponerme en simetría con el doctor Savater, ni mucho menos redondear sus interesantes reflexiones, sino tomarlo como referencia para continuar la discusión que nos aclare en alguna medida, el porqué y el para qué de la creciente violencia alrededor de las drogas y los vínculos familiares y afectivos. Desgraciadamente una de las características de esta violencia que se está volviendo más frecuente que excepcional la decapitación. ¿Habrá algún problema en que las personas tengan sus propios pensamientos, que el futuro del país sea sin cabeza o con el cerebro dañado?

 

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