Adicciones y juventud, población en riesgo

Juventud no necesariamente significa problemas. La juventud es una etapa de la vida por la que todos los adultos hemos transitado, los hoy jóvenes la viven y los pequeños la vivirán en un futuro. El aspecto principal que debemos considerar de esta etapa se refiere a las condiciones generales de desarrollo que la comunidad ofrece a quienes son y a quienes serán jóvenes.

Adicciones y juventud,
población en riesgo*

Eulalio López García y Manuel Pérez Bailón

Nada puede ser más amargo que
no ser comprendido
H. Ibsen

Las formas de entender una situación determinan la forma de explicarla y abordarla; en el campo de las adicciones, las formas en que se entiende este fenómeno asociado a jóvenes determina las formas en que se dictan planes, políticas y programas para su atención.

Juventud no necesariamente significa problemas. La juventud es una etapa de la vida por la que todos los adultos hemos transitado, los hoy jóvenes la viven y los pequeños la vivirán en un futuro. El aspecto principal que debemos considerar de esta etapa se refiere a las condiciones generales de desarrollo que la comunidad ofrece a quienes son y a quienes serán jóvenes.

Según datos de la más reciente Encuesta Nacional de Adicciones,1 uno de los sectores de la población en el que el consumo se presenta es el de los jóvenes, principalmente en las grandes y medianas urbes de nuestro país; en este sector de la población, se ha incrementado el consumo de sustancias adictivas, sea como experimentación, consumo moderado o excesivo y, dependencia física o psicológica.

Entre las condiciones sociales y culturales asociadas al consumo la facilidad para acceder a las sustancias, por medio de conocidos, amigos o incluso familiares; también la alta tolerancia hacia el consumo de sustancias como el tabaco y el alcohol (se ha reportado una tasa de mayor consumo en donde existe tolerancia familiar y comunitaria, y es menor donde no la hay). Un aspecto significativo es que cuando en la familia se consumen sustancias adictivas (por papá, mamá, tíos, hermanos, etcétera.) la tasa de incidencia en el consumo entre los jóvenes se eleva, siendo los hermanos influencia determinante entre los usuarios de sustancias. También es importante mencionar que cuando hay amigos consumidores la tasa de uso es mayor que cuando no hay amigos consumidores de sustancias.

En general, los jóvenes perciben el consumo de sustancias como algo que daña su salud; a otros no les interesan las drogas por temor a tener dificultades con sus padres y, en menor grado, por la percepción de ilegalidad asociada al consumo.

Por otra parte, es importante destacar los estados emocionales de los jóvenes que se encuentran de alguna manera relacionados con el consumo de sustancias, tales como tristeza, depresión o ansiedad, entre otros.

Asimismo, problemas como la violencia y diversas modalidades de conductas delictivas se encuentran asociadas al consumo de sustancias, aunque no necesariamente surgen como consecuencia del consumo, porque en muchos casos ya existían en los ámbitos familiar y social, pero al combinarse con la dependencia a sustancias, se manifiestan de manera más frecuente2 o con mayor intensidad. Esta combinación provoca que el abordamiento de la adicción sea más complicado, pues implica una intervención no sólo en lo individual, sino que se requiere de la atención a la familia y de programas de intervención comunitaria. Más aún, cuando una persona recurre al tratamiento y después de superar algunas etapas de éste regresa a las mismas condiciones de hostilidad familiar y social, hay muchas posibilidades de recaer.

La juventud es una etapa en la cual se consolida la personalidad y la individualidad de las personas; esto hace que el tránsito en ella sea complicado. Las familias tratan de superar este trance de la mejor manera, aunque no siempre se logra. No obstante, el papel de la familia en este proceso psicobiológico de las personas es fundamental, pues es ahí donde se incuban los estadios tempranos del fenómeno adictivo.

La educación representa otra oportunidad de prevenir esta situación, Sin embargo, debemos entender que la educación va más allá del aprendizaje y la transmisión de conocimientos; se requiere una formación integral de las personas, considerar que la educación es constante y dinámica, y que no sólo se obtiene en las aulas. Es, por tanto, imprescindible re-conocer el papel formativo de los padres y maestros en la formación integral de nuestros jóvenes.

Los procesos educativos, de manera preventiva, deben ofrecer a los jóvenes más y mejores herramientas para la vida cotidiana y para convivir con las sustancias adictivas sin hacerse consumidores de ellas; se debe pasar de las campañas de información y difusión a las campañas integrales de formación educativa, que atiendan las debilidades formativas ocasionadas por nuestro modelo educativo.

De igual forma, es necesario trabajar con los padres para proporcionarles mejores herramientas formativas que apoyen los procesos educativos desde los hogares en colaboración con la labor de los docentes desde las aulas. En estos procesos debe considerarse, la individualidad de los educandos y sus necesidades de formación, siendo fundamental reconsiderar y reevaluar el papel de los padres en la educación de los jóvenes.

Comprender la etapa de la juventud desde una perspectiva integral permitirá enfrentar el consumo de sustancias adictivas de manera eficaz y efectiva; sin distorsionar, modificar o interrumpir su proceso de crecimiento, formación y desarrollo.

La adicción a sustancias no es sólo un problema médico o psicológico; es también una problemática sociocultural que debe ser abordada en ese contexto, se necesitan planes y programas que, especialmente, en el caso de los jóvenes, aborden de manera integral su desarrollo y que no solamente se perciba como un problema aislado en donde la meta sea exclusivamente atender las adicciones.

En el caso de jóvenes adictos a sustancias, los modelos de tratamiento deben incluir, como aspecto esencial, la reinserción social,3 puesto que otro problema de la adicción es el estigma de ser un exadicto, que predispone el abandono del tratamiento y las recaídas en el mismo proceso.

En cuanto al abordamiento de género de las adicciones,4 hoy se reconoce que las motivaciones para el consumo de sustancias entre hombres y mujeres son diferentes; ante esto, es necesario diferenciar el abordamiento en los y las jóvenes de nuestras comunidades porque aunque hay patrones de comportamiento generalizado en el consumo de sustancias entre ambos géneros, el trato familiar y sociocultural diferenciado marca, de manera determinante, las motivaciones en patrones de inicio y dependencia a sustancias, lo que permite inferir (con la información que hoy hay disponible) que debe existir diferenciación en la prevención y tratamiento a partir de la diferencia en género.

Es necesario que las políticas públicas aborden de manera integral las adicciones, en conjunto con el contexto social de la juventud. Las adicciones no son sólo un problema de salud y de seguridad pública que deba ser abordado únicamente desde la perspectiva sanitaria y del aparato de justicia, persiguiendo a los transgresores de la ley en materia de narcotráfico y sus derivaciones. Es importante incorporar una visión social u realista de la problemática, en los programas de desarrollo social.

En las condiciones actuales, como titulamos este artículo, la juventud es una población en constante riesgo ante las sustancias adictivas por las circunstancias que actúan de manera inercial, propiciando su accesibilidad y consumo.

Sin duda, uno de los grandes desafíos que se presentan en la actualidad para la prevención de adicciones en los jóvenes es superar la tradicional incomprensión por parte de los adultos a esa etapa de la vida. Por otra parte, el abordaje del fenómeno adictivo dejará de ser limitado, si se considera su contexto social.

Notas
* Ponencia presentada en la Primera Feria Informativa de Prevención y Tratamiento de Adicciones, organizada por el Consejo Delegacional contra las Adicciones, en Gustavo A. Madero, el 30 de marzo de 2006
1 Medina Mora, "Consumo de drogas en adolescentes: Resultados de la Encuesta Nacional de Adicciones, 1988", Salud Pública de México, núm. 45, Suplemento 1 de 2003.
2 Romero Martha P. et al., Mujeres en prisión. Una mirada a la salud mental, México, Liberaddictus, 2004.
3 López García y Pérez Bailón, "La reinserción social y las adicciones", LiberAddictus núm. 87, 2005.
4 Romero Mendoza, "Necesidades de atención a la salud mental de la mujer adicta", Salud Mental, núm. 20, 1997.

 

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