Parejas en discusión... una alternativa

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Inevitablemente, en cualquier relación de pareja surge la discusión. Es casi imposible hallar una pareja que no discuta. En esta reflexión queremos manifestar nuestra opinión con respecto a esta situación que es muy común entre las parejas; pero queremos, además, enfatizar los efectos que produce la discusión, sobre todo en el plano emocional y, al mismo tiempo, proponer algunas formas para que esa discusión se torne amigable y creativa.

Parejas en discusión... una alternativa

Eulalio López García1 y Manuel Pérez Bailón2

¿Para qué discutir?
Inevitablemente, en cualquier relación de pareja surge la discusión. Es casi imposible hallar una pareja que no discuta. En esta reflexión queremos manifestar nuestra opinión con respecto a esta situación que es muy común entre las parejas; pero queremos, además, enfatizar los efectos que produce la discusión, sobre todo en el plano emocional y, al mismo tiempo, proponer algunas formas para que esa discusión se torne amigable y creativa.

Nótese que no cuestionamos el porqué, sino el para qué. Confiamos en que se advierta esa diferencia a sabiendas de que el porqué es personal y sólo aquél o aquélla que discute sabe desde dentro los porqués de esa discusión. El para qué nos plantea una acción, una consecuencia de y, por tanto, un objetivo para ese hecho.

Por lo regular la discusión inicia por una diferencia de opiniones, se gesta en el plano de cada cual de acuerdo con su propia percepción, a su propia realidad. Sin embargo, ocurre que el motivo central de la discusión se ve desplazado por otras tantas razones y motivos que ya nada tienen que ver con el motivo original. De repente y, sin saberlo (muchas veces, sin quererlo), la discusión se desvía a hechos o percepciones pasados, porque al calor del momento se recuerdan muchas cosas que creemos, erróneamente, deben discutirse en ese momento y, cometemos el gravísimo error de atacar a la pareja, de hacerle ver o saber sus errores y olvidamos el hecho. Sin medir consecuencias, disparamos a quemarropa acciones o eventos pasados y, con un salto a la yugular nos aferramos a encontrar respuestas que satisfagan nuestras expectativas, perdiendo la consciencia de que en esos momentos el cerebro no puede pensar con claridad, porque el sentimiento es más fuerte que la razón.

He aquí la propuesta
Primero. Un hecho a la vez.
No podemos discutir todo en un mismo espacio. No es sano; es dañino enfrascarnos en una discusión grande. Comencemos, mejor, por priorizar los hechos y aclarar con la pareja sólo un punto a la vez. Discutido éste y, es nuestro deseo, resuelto, podríamos pasar a un segundo punto. El ser humano, con tanta capacidad para evidenciar hechos pasados (incluso de años), en muchas ocasiones se pierde en la discusión y tal vez, aunque resulte irrisorio, si en cierto momento de la discusión nos preguntáramos sobre lo que estamos discutiendo hallaríamos que no lo sabemos. Sí, es verdad, en muchas de las ocasiones, se nos olvida el árbol que inició la discusión porque ahora estamos en un bosque donde cada árbol puede representar un asunto que discutir. Es en ese momento que nos perdemos en la discusión y todo, absolutamente todo, nos parece malo. En ese momento, el cerebro no es capaz de discernir sobre la obviedad del punto en discusión y, a falta de esa coherencia y fortalecido por nuestro natural deseo de lucha, seguimos buscando razones para ganar. Además, la discusión no es para ganar a la pareja. La discusión debe servir para crecer y desarrollarnos mejor como pareja.

Segundo. Critiquemos el hecho, no a la pareja.
En esos momentos de guerra, esmuy fácil caer en el engaño de la discusión: "Es sobre ti, no sobre el hecho", parece creer nuestro cerebro y, olvidándonos del asunto discutido, vamos con todo contra la pareja; ahora, la consideramos el enemigo a vencer. "Yo tengo la razón, yo debo ganar, yo soy más fuerte que tú". Craso error, porque la discusión no la ganará alguien, es más, no se trata de ganar, se trata de consensuar, de negociar, de ponernos de acuerdo.

El ser consciente de que la crítica es sobre el hecho y no sobre la pareja, nos libera de la tensión de enfrentarnos a alguien. No es una lucha de uno contra la otra. Es más bien, una discusión seria y crítica sobre un evento que importa a ambos y que a ambos interesa su resolución.

Atender sólo al hecho por sí mismo nos quita la presión de buscar errores o vicios o defectos en la pareja y sabemos que no debemos centrarnos en agredir o lastimar, sino que toda la energía debe ser dirigida hacia un asunto que está provocando una situación que a ninguno de los dos satisface. Entonces, esa situación, al ser abordada por dos personas con diferentes perspectivas y expectativas, debe ayudar a buscar la mejor solución para ambos.

Estas perspectivas y expectativas son individuales, pero debe tenerse la inteligencia necesaria para saber que hay puntos en común y que ambos quieren resolver la problemática que en ese momento de discusión les preocupa.

Creemos que porque de otra manera, el conflicto no desaparecerá ni la solución llegará, y sólamente quedará en nuestro interior amargura, dolor y frustración porque obviamente ese conflicto nos lastima, nos daña, nos humilla.

Para finalizar, es cierto que discutir es difícil, pero es un hecho y más temprano que tarde tendremos que hacerlo. Seamos inteligentes, pues, y sigamos estos dos sencillos pasos para discutir con la pareja y hallar solución en una discusión, incrementar nuestro desarrollo humano, fortalecernos y estar preparados para las más fuertes discusiones que nos depara el destino.

Notas
1 Especialista en recursos humanos, consejero y asesor en desarrollo personal.
2 Consejero personal en desarrollo humano y profesor universitario.