Una reflexión sobre la educación emocional

Cuando nos referimos a la educación emocional estamos pensando un poco más allá de la inteligencia emocional ya bien estudiada por Goleman3 y otros autores. Esa inteligencia consistiría en conocer nuestras propias emociones, aprender a dominarlas y/o controlarlas mediante de la automotivación y, al tiempo que somos empáticos (reconociendo, aceptando y tratando con las emociones de las demás personas), buscar el establecimiento de buenas relaciones sociales.

Una reflexión sobre la educación emocional

Eulalio López García1 y Manuel Pérez Bailón2

...porque una infancia infeliz no determina la vida
Boris Cyrulnik

El principio
Cuando nos referimos a la educación emocional estamos pensando un poco más allá de la inteligencia emocional ya bien estudiada por Goleman3 y otros autores. Esa inteligencia consistiría en conocer nuestras propias emociones, aprender a dominarlas y/o controlarlas mediante de la automotivación y, al tiempo que somos empáticos (reconociendo, aceptando y tratando con las emociones de las demás personas), buscar el establecimiento de buenas relaciones sociales.

Cuando tenemos conciencia de nuestras emociones --obviamente después de saber de su existencia, conocerlas e identificarlas-- hemos avanzado un paso hacia el autocontrol, porque seremos capaces de diferenciar una emoción positiva de otra negativa. Pero eso es sólo el principio, porque ahora hace falta reflexionar sobre lo negativo de esa emoción y tener la habilidad de comenzar a cambiarla, ya que en la medida que somos capaces de percibir esas emociones negativas, tendemos a actuar para modificarlas.

El dominio de las emociones sería el paso siguiente, cuyo objetivo es equilibrar toda esa suerte de emociones, no reprimirlas, sino aprender a dominarlas, porque cada emoción (positiva o negativa) tiene en sí misma su valor y significado, y sin ellas la vida carecería de sentido por falta de pasión. Es, ¿cómo decirlo?, tener y mantener una emoción apropiada en cada circunstancia.

Y si es cierto que las emociones son un factor de motivación, entonces será necesario esa automotivación en cada persona para poder diferir recompensas inmediatas por otras al largo plazo pero de mayor satisfacción. Controlar ese impulso podría mirarse como un signo de madurez personal y emocional.

Finalmente, lograr la empatía se sitúa en un lugar crítico de esa inteligencia emocional, porque será necesario reconocer que "así como yo, todos los demás tienen y mantienen emociones a veces iguales, a veces distintas a las mías, lo que debo de saber y aprender para poder mantener con ellos buenas relaciones". Esa empatía nos permitiría --respetando la individualidad de cada quién y sus propias percepciones-- ser más tolerantes con los demás, para saber que sí es posible mantener un afecto especial y específico en cada una de las relaciones que mantengamos, incluso con aquellas personas que no conocemos.

Esta es una forma especial de mirar las cosas, lo que nos sitúa en un plano de conocimiento de nuestra propia inteligencia social, necesaria hoy día para mantener nuestra presencia en los distintos lugares y circunstancias que pisamos y vivimos.

Dando un paso más
Si somos capaces de tomar conciencia de los efectos de las emociones negativas no controladas, estaremos entonces en posibilidad de controlarlas, lo que conformaría una riqueza en nuestro personal desarrollo humano al sentirnos más libres con nuestra propia personalidad adaptativa y capaz de crear mayores satisfacciones personales en cada ocasión.

Esta cualidad --la inteligencia emocional, pensamos, es una cualidad que puede ser enseñada, aprendida, manifestada y construida porque no es una propiedad que genética o culturalmente esté en todos los seres humanos-- debe emerger en todos y cada uno de los mexicanos y, mientras más temprano mejor para tener y mantener una mejor calidad de vida y un pleno potencial de todas nuestras habilidades, capacidades, destrezas, en fin, una mejor educación.

Lograr esto es sumamente complejo y delicado en nuestro país donde el sistema educativo está más interesado --se entretiene y se conforma-- en enseñar conocimientos que en saber si nuestros niños y jóvenes están vivos.

Nuestra reflexión tiene que ver con la urgente necesidad de conformar niños y jóvenes (y también adultos, pues nunca es demasiado tarde para ello) más sanos emocionalmente. Es urgente pues, la alfabetización emocional como una medida más de prevención para tratar de reducir los altos índices de adicción en nuestro país. La mejor prevención es la primaria, aquélla que se dirige a todos los niños y jóvenes antes que surja el problema y esa intervención primaria implica intervenir mediante el sistema educativo.

Sin embargo, aunque en el sistema educativo nacional se han planteado acciones en este sentido, parece que esas acciones aisladas no conforman un verdadero plan que contenga estrategias efectivas para esta alfabetización emocional, por lo que deberíamos empezar en casa con nuestros hijos, educándolos emocionalmente. Tarea difícil, pero necesaria en estos momentos en que las situaciones son más complejas cada vez, pero ¿quién tiene la obligación/deber de educar (en toda la extensión de la palabra) a nuestros hijos?

Notas
1 Especialista en recursos humanos, consejero y asesor en desarrollo personal.
2 Consejero personal en desarrollo humano y profesor universitario.
3 Goleman, Daniel, Inteligencia emocional, Javier Vergara Editor; España, 1996.

 

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