Paz, desarrollo y guerra

Una de las formas de dirimir diferencias entre personas, familias, pueblos o naciones es la guerra; en la historia de la humanidad, desde la antigua hasta la moderna, se han desarrollado guerras de diferentes tipos, tamaños, estados, pueblos y culturas.
Parece que es un símbolo de nuestros tiempos. Es cíclica: tarde o temprano se desencadenará la siguiente. Las de hoy se distinguen por que son sofisticadas y cuentan con gran tecnología a su servicio, pero no por eso dejan de ser guerras.

Paz, desarrollo y guerra

 

Eulalio López García1 y Manuel Pérez Bailón2

"La guerra es, en consecuencia, un acto de fuerza para
imponer nuestra voluntad al adversario."
Karl von Clausewitz

Una de las formas de dirimir diferencias entre personas, familias, pueblos o naciones es la guerra; en la historia de la humanidad, desde la antigua hasta la moderna, se han desarrollado guerras de diferentes tipos, tamaños, estados, pueblos y culturas.

Parece que es un símbolo de nuestros tiempos. Es cíclica: tarde o temprano se desencadenará la siguiente. Las de hoy se distinguen por que son sofisticadas y cuentan con gran tecnología a su servicio, pero no por eso dejan de ser guerras.

Con esto, queremos dejar en claro que aunque tenemos espíritu guerrero por herencia, no es nuestro deseo hacer la guerra, y que lo que se busca en este espacio es generar una reflexión y aportar algunos elementos de análisis acerca del tema.

Cuando se presenta la guerra se anhela la paz, y en tiempos de paz se preparan las sociedades para la guerra, o por lo menos se deja de actuar para la consolidación de la paz. La guerra provoca pérdida de vidas y el problema no es la vida humana en sí, porque ésta es muy frágil, muy fácil de arrancar; en la guerra, el problema es la cantidad de vidas necesarias para terminar con ella para ganar y en términos económicos se convierte en un problema de costos, de quién financia y quién asumirá el costo de la guerra.

A lo largo de la historia, los costos los han pagado los pueblos vencidos, no el ganador; el que pretende y quiere hacer la guerra no planea pagarla él, se la cobrará al que pierda o a otros involucrados.

La humanidad acepta que la guerra es necesaria, tan es así que por eso existe y se da, ¡vaya, hasta existen reglas para la guerra! La mayoría de los Estados tienen ejércitos en tiempos de paz, y siempre están en entrenamiento aunque no haya guerra. Todos esos Estados destinan una gran cantidad de presupuesto para mantener a sus ejércitos, todos los años, todos los días, todas las horas. Esto conduce a que todos reconocen que tarde o temprano habrá guerra y, por ello todos se preparan al respecto, porque además hay diferentes tipos de guerra: guerra entre Estados, guerra entre coaliciones de Estados, la guerra civil que se da dentro de un Estado y, como puede ser que se presente la de un tipo o la de otro, todos, de un modo u de otro, se preparan para la guerra.

Bueno, esto nos conduce a plantear como teoría que pocos Estados o sociedades se preparan realmente para la paz, porque hay que recordar que "la guerra nunca es un acto aislado,... la guerra sólo es una parte del intercambio político y, por lo tanto, en ninguna forma constituye una cosa independiente en sí misma".3

¿Esto es bueno o malo? Le corresponde a cada pueblo juzgar sus propias circunstancias y actuar; lo que se observa es que es una realidad son hechos y circunstancias que están ahí, están ocurriendo y volverán a ocurrir. Hay guerra hoy y probablemente también tendremos una guerra mañana, ya hay preparativos y condiciones para ello; el crecimiento de la humanidad, más aún, su desarrollo, ha estado orientado hacia la obtención de actitudes beligerantes. Hoy no hay condiciones para terminar con las guerras sólo con desearlo; se requieren hechos y acciones que modifiquen y replanteen las bases sociales, familiares y personales acerca de la actitud hacia la guerra.

El desarrollo humano debiera aspirar a desechar la violencia como forma de dirimir diferencias, pero tratar de someter a otro por la fuerza es un signo de las sociedades de nuestros tiempos. Recordemos como ejemplo que los Estados tienen el monopolio de la autoridad y pueden recurrir a la fuerza coercitiva para someter a quienes no lo hagan de manera voluntaria.

Hoy preocupa a los padres las posibles consecuencias de la guerra sobre los hijos, pero bajo las condiciones sociales actuales, estos seguramente serán los guerreros del mañana. La formación y el desarrollo individual de los pequeños debiera orientarse, entonces, a construir una sociedad más justa, más tolerante, menos beligerante, orientada a buscar el desarrollo de las personas y menos preocupada en desarrollar ciencia y tecnología al servicio de la guerra.

En tiempos de guerra se debe buscar la paz, pero en tiempos de paz se deben eliminar las posibilidades de la guerra. La historia nos ha enseñado las consecuencias de la guerra; sin embargo, al parecer, poco se ha aprendido al respecto; la vida humana, frágil y delicada, requiere cuidados, alimentación y atención; es relativamente fácil terminarla, lo difícil es mantenerla con calidad y dignidad; es barato acabarla y costoso sostenerla. Aún nos falta mucho por aprender, del ser humano, de la naturaleza, del mundo y el universo; creemos que los esfuerzos de la humanidad deben invertirse en el desarrollo humano y menos en la guerra. Si en realidad se aspira a terminar con las guerras, debemos revisar y transformar la formación y el desarrollo del hombre ese es el gran reto que debemos asumir.

Notas
1 Especialista en recursos humanos, consejero y terapeuta en desarrollo personal.
2 Consejero personal en desarrollo humano y profesor universitario.
3 Karl von Clausewitz, De la guerra, México, Colofón, 1999.

 

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