Tolerancia

La tolerancia es un concepto de suma importancia dentro de un grupo social que pretende aceptar la diferencia de pensamiento y opinión; el derecho a disentir de la forma de pensar de los demás está consagrado en las leyes de la mayoría de los países, y es por lo tanto legítimo y válido no coincidir con la forma de pensar de otros.

Tolerancia

 

Eulalio López García1 y Manuel Pérez Bailón2

La tolerancia es un concepto de suma importancia dentro de un grupo social que pretende aceptar la diferencia de pensamiento y opinión; el derecho a disentir de la forma de pensar de los demás está consagrado en las leyes de la mayoría de los países, y es por lo tanto legítimo y válido no coincidir con la forma de pensar de otros.

Como sociedad debemos aportar las condiciones necesarias para que los individuos expresen su opinión a pesar de no coincidir con la mayoría. Las personas deben percibir estas condiciones; en las familias, la formación de sus integrantes debe contemplar que si uno de ellos disiente de la forma de pensar y actuar familiar es, de entrada, una opinión válida; que se tiene el derecho a pensar conforme a las propias convicciones; y es responsabilidad de cada uno sustentar sus creencias y opiniones. Por supuesto, opinar diferente no significa marginarse socialmente: la tolerancia es recíproca, tú me respetas en mis creencias, yo te respeto en las tuyas.

Es de vital importancia dentro de un proceso de formación cuidar la tolerancia como principio básico de convivencia; en la familia, ser tolerante con sus miembros significa respetar la opinión y actuación de sus miembros enmarcado por los principios y valores familiares, comunitarios y sociales. Frecuentemente, se presentan problemas de convivencia familiar por la intolerancia de algunos de sus miembros; por esto se debe cuidar, en lo individual, el proceso de crecimiento y desarrollo de cada uno, si somos adultos intolerantes crearemos niños, adolescentes y adultos intolerantes; por el contrario, si se enseña desde pequeños el respeto por la opinión de los demás, entonces se logrará que éstos, cuando sean mayores, respeten la opinión de los demás, que no significa necesariamente estar de acuerdo con ellos.

La tolerancia es el respeto a las formas de pensar o actuar de los demás.3 Sin embargo, hoy en día, aunque a la palabra se le menciona mucho, vivimos en una sociedad donde la acción se aleja del discurso; existen diferentes grados de intolerancia en las familias, en las parejas, en las comunidades, en los partidos políticos (aún en las religiones), en las ciencias y en las artes.

Nuestro mundo, con su complejidad y evolución en algunas áreas, pareciera conducirse hacia una intolerancia mayor; no aceptamos la opinión de los demás, sus creencias están equivocadas, su concepción del mundo y de la realidad no es cierta, sólo nosotros o sólo yo tenemos la razón, todo aquel que piense o actúe diferente estará condenado al rechazo, al ataque y a la marginación.

En las parejas, que son una de las bases de la familia, existe desafortunadamente un alto nivel de esta intolerancia. Él o ella no es capaz de entender que la otra parte es diferente y en ocasiones si la otra parte no actúa o piensa como yo es sinónimo de desamor, de incomprensión, del principio del rencor y el odio; no aceptar que la otra parte de la pareja pueda ser distinta y pensar o actuar en forma diferente de la mía conduce, en muchos casos, a la fractura de la relación y al rompimiento que puede ser de distanciamiento físico, afectivo o mental.

En la relación de padres e hijos la intolerancia se presenta como un problema que incluso tiene nombre: conflicto de generaciones (esa famosa brecha generacional) y puede provocar rompimientos, o el abandono del núcleo familiar o el deterioro de la relación.

Los padres pueden no comprender la forma de pensar y actuar de los hijos, y es frecuente que padres e hijos tengan diferentes formas de entender el mundo; los padres piensan que los hijos no entienden y los hijos acusan a los padres de anticuados en su forma de pensar porque se viven otros tiempos.

Curiosamente, después de algunos años, se encuentran defendiendo casi las mismas cosas y valores, que ciertamente no son ni los de los padres, pero tampoco los de los hijos en su forma anterior.

En las familias, sus diferentes integrantes, como reflejo de su individualidad, tienen formas distintas, no iguales, de entender la realidad; si no se parte de la base de que cada uno es diferente y por tanto su interpretación puede ser distinta (parecida pero no igual), el resultado que se obtiene es la intolerancia entre sus miembros: con discusiones y enfrentamientos, que deterioran la relación, se dicen palabras hirientes, en ocasiones irrespetuosas que sólo provocan resentimiento y molestia y esto, a su vez, desencadena otros conflictos.

Notas
1 Especialista en recursos humanos, consejero y terapeuta naturista.
2 Consejero personal en desarrollo humano y profesor universitario.
3 Diccionario de la lengua española, México, Larousse, 1997.

 

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