Ser y hacer

Hoy quiero reflexionar acerca de la oportunidad de la vida y algunas de las actitudes ante ella: la gracia de llegar a este mundo nos ofrece la posibilidad de estar aquí para ser, saber, hacer y trascender.
El camino que seguimos es, sin duda, el que nos brinda la oportunidad, en primer lugar, de alcanzar el ser, no importa qué hagamos o en qué estemos, es ahí donde se nos presenta la oportunidad de alcanzar el equilibrio tan anhelad

Ser y hacer

Eulalio López García1

A mi esposa Norma Lilia
A mis hijos, María Fernanda y Jesús Emmanuel,
A Rodrigo Carrillo, en su memoria

Hoy quiero reflexionar acerca de la oportunidad de la vida y algunas de las actitudes ante ella: la gracia de llegar a este mundo nos ofrece la posibilidad de estar aquí para ser, saber, hacer y trascender.

El camino que seguimos es, sin duda, el que nos brinda la oportunidad, en primer lugar, de alcanzar el ser, no importa qué hagamos o en qué estemos, es ahí donde se nos presenta la oportunidad de alcanzar el equilibrio tan anhelado de nuestra existencia; saber y hacer son instrumentos y medios que permiten formar y complementar nuestro interior para llegar a trascender.

La percepción que tengamos de las oportunidades que ofrece la vida y la actitud ante ellas nos permitirán interpretar el mundo que nos rodea. Ante cualquier suceso que se presenta sentimos y actuamos de acuerdo con los sentimientos y emociones que le damos al hecho. ¿Qué ayuda a interpretarlo? La combinación de nuestras experiencias, nuestra formación afectiva y nuestros valores, entre otros, determinan de manera fundamental la forma de actuar. Así aunque alguien nos quiera presentar una forma diferente de ver las cosas, el ser sólo actúa en consecuencia con su propia interpretación de los hechos.

Por todo esto es casi imposible que un ser humano actúe en contra de lo que ya ha resuelto a partir de su interpretación de la vida;. Esa persona podrá ser provocada y tentada para sucumbir a percepciones distintas, pero finalmente su ser le obligará a recapacitar y retomar nuevamente el camino propio de su formación interior. Aparentemente, la congruencia entre el ser y hacer no es un signo de nuestros tiempos, predomina un decir y otro hacer y actuar. Muchas veces nos encontramos ante la incongruencia absoluta entre estos dos elementos fundamentales de la vida, sin embargo, el problema que se puede presentar es que realmente no se es lo que se dice ser, sino que se es lo que se está haciendo.

Cuando se interpretan los acontecimientos que se presentan a lo largo de la existencia de manera hostil y negativa, como producto de la forma personal de sentir el mundo, resulta, difícil cambiar la percepción y se actúa en consecuencia. La persona siente que el mundo está en contra de ella, y culpa a los demás por su infelicidad.

A lo largo de la vida, si a una persona se le presentan diferentes opciones, tiene la responsabilidad de escoger entre una y otra, ¿Cuál tomar? Podemos argumentar que las decisiones se toman porque las circunstancias nos obligan a actuar de tal o cual manera; sin embargo, en el fondo asumimos la opción que así conviene a nuestros intereses, a partir de nuestra interpretación de la realidad en esa circunstancia específica. De ahí que somos responsables de esa opción elegida; en esos momentos afloran los valores y principios de una persona.

Es importante señalar también la responsabilidad absoluta que tenemos sobre nuestros actos y conductas; así como somos responsables de tomar decisiones y opinar ante cualquier hecho o circunstancia, también lo somos de los resultados. ¿Cuántas veces realizamos acciones sin reflexionar sobre nuestra responsabilidad y sus consecuencias? Pensemos que cada momento, cada respuesta, cada sentimiento, cada emoción, determinan de manera fundamental nuestro ser; no son hechos o actos sin importancia, por el contrario debemos asumir cada uno de ellos como elementos importantes de nuestra vida, porque tenemos la oportunidad de vivir sus resultados, ya sean buenos o malos.

Somos responsables de nuestra individualidad ante nosotros mismos, ante la familia, ante la comunidad y ante la sociedad; el ser humano tiene derecho a ser é mismo, pero no debe olvidar su papel y su obligación hacia los demás.

Ante la muerte, generalmente reflexionamos sobre la importancia, y lo bonito y hermoso que es, de disfrutar de nosotros, de la vida y de la compañía de nuestros seres queridos. sin embargo, esta reflexión también debiera hacerse ante el comienzo de la vida, y ante la cotidianidad.

A veces consideramos que nuestra existencia resultacomo demasiado monótona y simple, o complicada y difícil; la rutina, el trabajo, los compromisos, las dificultades o la economía, entre otros, parecen confirmar esa interpretación. Sin embargo, debemos pensar que contamos con una preciosa oportunidad de desarrollar nuestro ser y que cada instante de nuestra existencia es el más importante de toda nuestra vida y que cada uno de nosotros es lo más valioso que pueda existir, sin dejarnos llevar por egoísmos insanos y desprovistos de amor y respeto por los demás.

Para concluir, es importante resaltar que en primer lugar debemos ser responsables de nosotros mismos; entendamos que cualquier acto de amor, ayuda y solidaridad por los demás debe partir del interés de ayudar a otros en su desarrollo. Debemos estar preparados, no se puede aspirar a ayudar a los demás, cuando todavía se tiene pendiente la resolución de la individualidad. Empecemos entonces por tratar de resolver la vida propia y entonces sí generar actos de amor y benevolencia hacia los demás.

Nota
1 Especialista en recursos humanos, consejero y asesor en desarrollo humano 

 

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