El secuestro de la felicidad

Parece ambicioso hallar la respuesta correcta a esta pregunta. Lo es y es importante, de otro modo no seguiríamos dándole vuelta desde distintas concepciones a esta pregunta. Sin embargo, no pretendemos responderla completamente en este espacio. Además de que la felicidad es un concepto muy personal que cada quien entiende a su manera, nuestra intención es, simplemente,

El secuestro de la felicidad

Eulalio López García1 y Manuel Pérez Bailón2

¿Dónde está la felicidad?
Parece ambicioso hallar la respuesta correcta a esta pregunta. Lo es y es importante, de otro modo no seguiríamos dándole vuelta desde distintas concepciones a esta pregunta. Sin embargo, no pretendemos responderla completamente en este espacio. Además de que la felicidad es un concepto muy personal que cada quien entiende a su manera, nuestra intención es, simplemente, reflexionar sobre este punto para entender mejor este concepto y lograr con ello un mejor entendimiento de la situación y, en consecuencia, un mayor desarrollo personal.

Ésta es una de las principales preguntas que nos formulamos a lo largo de nuestra existencia. Nos preguntamos, con mucha frecuencia, cómo alcanzarla, si ya la alcanzamos o si estamos siendo felices, e inclusive, si hemos sido felices antes. Como si la felicidad fuese sólo un punto en nuestra existencia.

Jugamos con la felicidad como si ésta fuese un estado temporal u ocasional en la vida del ser humano, o como si fuera el punto final de nuestra existencia. Incluso, el diccionario LarousseTM define la felicidad como un "estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien". Definición más bien corta que no encaja en nuestra reflexión de este día.

Ya hemos comentado sobre la práctica generalizada del tener-hacer-ser. Y hemos propuesto el trinomio ser-hacer-tener. En este mismo sentido va nuestra reflexión. No podemos considerar la felicidad como una estación para el tren de la vida, porque nos pasaríamos el tiempo esperando llegar a esa estación y la verdad, ¿quién sabe si algún día llegaremos?. Tal vez pudimos pasarla de largo sin darnos cuenta. Creemos que la felicidad se encuentra en todos los momentos de nuestra corta existencia.

¿Cuántas personas conocemos que tienen y no son felices? ¿Cuántas personas conocemos que sí son y, efectivamente, son felices?

La felicidad está dentro de cada uno de nosotros.

Obviamente, si siguiésemos la definición que anotamos arriba, pasaríamos el tiempo tratando de poseer bienes que nos aseguren la felicidad. Y cuántas personas pasan su vida atesorando bienes materiales como si ello les brindara felicidad. Probablemente sí. Muchas personas son felices poseyendo bienes; pero aquí nuestra reflexión va más allá de lo puramente material. No nos oponemos a la posesión de bienes. Sabemos bien que la carencia de algo nos lleva a su obtención y todos nuestros esfuerzos van dirigidos a la satisfacción de esa necesidad. Lo que sí consideramos es que esa felicidad es estacional y en cualquier momento, al desposeernos de esos bienes, esa efímera felicidad también desaparecerá.

Estamos seguros, entonces, que la felicidad que es genuina, auténtica, verdadera y, sobre todo, nuestra, se encuentra dentro de nosotros mismos. No es un regalo, no es gratuita; hay que luchar día con día para tenerla y mantenerla. Pero ese estado de ánimo va más allá de la simple posesión de bienes; es un estado físico-mental-emocional que nos satisface plenamente y nos hace poseer y brindar a quienes están a nuestro alrededor toda esa belleza virtuosa que nos identifica con la raza humana. A fin de cuentas, el desarrollo humano se trata de ser para poder compartir; de sentir para poder expresar; de estar bien con nosotros mismos para poder lograr que los demás estén bien; de amarnos para poder amar.

Entonces, ciertamente, más allá de cualquier filosofía de motivación y autoestima, la felicidad entraña todo un proceso de conocimiento personal para tener plena conciencia de la realidad que estamos viviendo.

Que no secuestren tu felicidad
Y, sin embargo, la mayoría de las veces, los seres humanos pensamos que la felicidad está fuera de nosotros. A veces, fuera de lo estrictamente material, creemos que la parte emocional-afectiva-emotiva que nos brinda la felicidad se encuentra en otras personas: en nuestros padres, en nuestra pareja, en nuestros hijos y, casi sin pensarlo damos nuestra vida --o parte de ella-- por esos seres que están a nuestro lado. Y no es malo, es más, hasta nos parece sano. El problema comienza cuando dejamos que nuestros padres nos roben nuestra identidad, que nuestra pareja nos robe nuestra individualidad, que nuestros hijos nos roben nuestra percepción. Entonces, nos abandonamos a sus requerimientos y dejamos de ser nosotros mismos por esa noble tarea. Y ¿qué ocurre cuándo nuestros padres se van, cuándo nuestra pareja se aleja, cuándo nuestros hijos se marchan? Sí, ellos, todos ellos, nos secuestran la felicidad, porque ilusoriamente pensamos que nuestra felicidad son ellos y que sin su presencia no podemos vivir.

Por ello titulamos así este artículo, porque estamos seguros que por pensar en los demás, por creer que en ellos está nuestra propia felicidad, nos enajenamos de ese estadio so pretexto de hacer felices a los demás, pero ¿cómo pretendemos hacer felices a los demás si nosotros mismos no somos felices?

Por ello proponemos: sé feliz, independientemente de los demás o, a pesar de ellos. No dejemos que nos quiten, nos enajenen, nos secuestren nuestra felicidad porque ésta es sólo nuestra y es la única que tenemos. Además, te proponemos que no regales tus ojos, éstos son tuyos y sólo tú puedes mirar a través de ellos; no regales tu corazón, porque es tuyo y sólo tú tienes el derecho de sentir a través de él.

Tal vez estas afirmaciones parezcan egoístas, pero es cierto que también conocemos egoísmo sano y egoísmo insano, pero estos conceptos los dejaremos para una próxima reflexión.

Notas
1 Especialista en recursos humanos, consejero y terapeuta naturista.
2 Consejero personal en desarrollo humano y profesor universitario. 

 

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