Personalidad

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Todos somos diferentes, nadie es exactamente igual a otra persona. Las diferencias entre los seres humanos tienen que ver, en parte, con la herencia; sí, cuando la persona es concebida, en ese preciso instante inicia la diferenciación; uno no es igual a los hermanos aunque proceda de los mismos padres, incluso en el caso de gemelos.

Personalidad

Eulalio López García1 y Manuel Pérez Bailón2

La individualidad se refleja en la personalidad
Todos somos diferentes, nadie es exactamente igual a otra persona. Las diferencias entre los seres humanos tienen que ver, en parte, con la herencia; sí, cuando la persona es concebida, en ese preciso instante inicia la diferenciación; uno no es igual a los hermanos aunque proceda de los mismos padres, incluso en el caso de gemelos.

La personalidad se conforma de elementos como el temperamento, que es el resultado de la combinación genética, aportación de los padres, y el carácter, que es el resultado de la interacción del ser humano con su entorno, como resultado de la percepción e interpretación de la realidad.

La Organización Mundial de la Salud (oms) apunta que la personalidad, es el conjunto "pautas de pensamiento, sentimiento y conducta profundamente arraigadas que caracterizan el estilo de vida y el modo de adaptación únicos en una persona y que son consecuencia de factores constitucionales del desarrollo y de la experiencia social".3

Hay diferentes teorías acerca de la personalidad; todas coinciden en que es algo propio de cada individuo, con diferencias que se mantienen a través del tiempo y en situaciones distintas; está constituida por tres dimensiones: biológica, psicológica y social; es la totalidad de la persona, con un conjunto de rasgos y estados; la persona tiene cierta regularidad y estabilidad en situaciones concretas y parecidas; aunque la persona tenga unidad de conducta en sus diferentes actividades, no es posible predecir con exactitud la forma de comportarse en situaciones específicas.4

En particular, queremos destacar la importancia de la formación y el desarrollo, ya que buena parte de la personalidad es el producto de la interpretación y respuesta que se da a los acontecimientos que se viven a lo largo de la vida; en los primeros años estas experiencias tienen una importancia fundamental porque determinan la forma de percibir el mundo en el que se desarrolla la persona. Por esto debemos atender de manera formativa e integral a los niños y adolescentes puesto que están en proceso de construir su personalidad; las enfermedades o los trastornos de la personalidad pueden ser consecuencia de errores u omisiones en su formación, aunque no necesariamente.

Cada uno de nosotros colabora y ayuda a formar la identidad de alguien, un niño, un adolescente, un adulto, nosotros mismos; por lo que valdría la pena reflexionar: ¿Qué es lo que estoy enseñando con mi conducta?, ¿Qué ven en mí las personas que me rodean? ¿Alguien que sólo quiere tener bienes materiales? O ¿ven en mí a alguien comprometido con el desarrollo personal por encima de lo material?

El gran dilema de nuestro tiempo: ¿ser o tener?
Hoy, el modelo occidental privilegia la posesión de bienes sobre el desarrollo de valores: se es por lo que se tiene, en lugar de ser por lo que se es. La búsqueda de satisfacción y realización se centra en tener y no en lograr el pleno ser. De este modo, en la formación de la personalidad se enfatiza la tenencia de bienes materiales en lugar del desarrollo del ser.

Las personas se preparan para poder tener; el resultado es que se tiene algo material pero no se es, lo que puede provocar infelicidad, insatisfacción o frustración. Esto puede volverse un círculo vicioso, puesto que se busca tener más para compensar lo que no se es.

Retomando el punto de la individualidad, conviene recordar que el desarrollo de cada individuo implica, no sólo, el desarrollo de capacidades, sino también de voluntad, determinación y de formas de afrontar situaciones de insatisfacción. Cuando no sucede así, las personas pueden presentar desequilibrios y, en algunos casos, trastornos más graves que se manifiestan como enfermedades de diferente índole; trastornos mentales que tienen manifestaciones afectivas, cognitivas, volitivas o somáticas, producto de una personalidad enferma, que impiden a quien los padece relacionarse con los demás de una forma sana o tener un concepto positivo de sí mismo y del entorno; más aún, provocan conductas destructivas de la salud personal, familiar y comunitaria.

La palabra aquí es prevención
Estamos convencidos de que es mejor anticipar ese estado para evitarlo. La salud está asociada a un adecuado desarrollo físico, mental y social. Creemos que para conseguirlo, lo mejor es procurar que la formación de la personalidad nos ayude a alcanzar un pleno desarrollo humano, en vez de generar enfermos con padecimientos físicos, mentales y espirituales.

Notas
1 Especialista en recursos humanos, consejero y terapeuta naturista.
2 Consejero personal en desarrollo humano y profesor universitario.
3 Léxico de términos de psiquiatría y salud mental, 2ª ed..
4 Manuel Desviat, Nuestra forma de ser, México, Planeta, 1998.