Inteligencia y desarrollo

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La capacidad del ser humano en materia de aprendizaje e inteligencia es infinita; lo que conocemos es sólo una pequeña parte de ese potencial, en gran medida desconocido e inexplorado. Lo que sí sabemos es que esta ahí, aguardando a ser comprendida y utilizada.
A lo largo de su vida el ser humano adquiere un cúmulo de conocimientos y aprendizajes

Inteligencia y desarrollo

Eulalio López García y Manuel Pérez Bailón

La capacidad del ser humano en materia de aprendizaje e inteligencia es infinita; lo que conocemos es sólo una pequeña parte de ese potencial, en gran medida desconocido e inexplorado. Lo que sí sabemos es que esta ahí, aguardando a ser comprendida y utilizada.

A lo largo de su vida el ser humano adquiere un cúmulo de conocimientos y aprendizajes que dan como resultado su ser, su persona, sus actitudes, sus aptitudes, sus valores y costumbres; en resumen, su Yo. De ahí la importancia de reflexionar sobre los elementos que se conjugan y que dan ese resultado, que en algunas ocasiones no es el esperado.

La formación y educación de niños y adolescentes no es responsabilidad exclusiva de las escuelas y de los profesores; desafortunadamente los padres creemos que al enviar a nuestros hijos a las escuelas ya los estamos educando y formando. Las escuelas ayudan, sí. Sin embargo, se debe poner mucho cuidado y estar al tanto de los avances en la formación integral de los hijos, buscando para ellos, desde pequeños, un aprendizaje integral en los diferentes ámbitos de su persona.

Si formamos a los niños con una educación integral, seguramente en su etapa juvenil y madura les será más fácil adaptarse a este mundo tan complejo y cambiante; los padres cada vez nos enfrentamos a problemas más complejos de actitud y comportamiento de nuestros hijos, pero la mayoría de las veces nos preocupamos por matemáticas, español, ciencias naturales y sociales, por química, por inglés y por educación física y artística, por señalar algunas. No incluimos en nuestros pensamientos, como padres responsables de la educación y formación de nuestros hijos, aspectos como su desarrollo emocional, su completo desarrollo intelectual, su socialización y adaptación, su creatividad etcétera, y descuidamos esa parte fundamental de la formación en el aspecto del desarrollo humano integral.

Para ubicarnos en este contexto, partamos del hecho de considerar al ser humano como un ser biopsicosocial. Este tiene, por lo menos tres grandes áreas:

o El área física-biológica, que tiene que ver con el conocimiento de nuestro cuerpo; su anatomía, su fisiología, sus sentidos. Aquí, elemento importantísimo es la alimentación y la nutrición.
o El área social, donde se desarrolla la relación con los demás, mediante la aceptación, la atención, la comprensión y la comunicación.
o El área psíquica, que incluye los aspectos de la mente, del espíritu y de las emociones, donde se procesa casi toda la información recibida del exterior (y también la interna), para reaccionar a esos estímulos de manera inteligente y representar la realidad, nuestra propia realidad, según nuestras experiencias previas y nuestras formas particulares de entender las cosas.

La primer área se ha descuidado sobremanera, porque sólo se ha experimentado en el campo deportivo sin considerar los hábitos, las costumbres y aspectos tan esenciales como la salud y la nutrición; aunque hay que reconocer que los estudiosos de la educación han hecho intentos por integrar a la currícula asignaturas como educación para la salud y educación física.

En la segunda área, la social, se han conformado con enseñar procesos básicos de socialización, mediante valores y experiencias compartidas con los demás.

Sobre el tercer aspecto se ha estudiado mucho, se ha enfatizado tanto y la mayoría de nuestras escuelas trabajan en esa dimensión, pero sólo en el aspecto intelectual, descuidando la parte emotiva y la parte espiritual del ser humano. En la escuela se procura brindar a los estudiantes los conocimientos necesarios de tipo general y, en una etapa posterior, los conocimientos especializados de un área del conocimiento, en particular. Aquí se trabaja con los procesos cognitivos básicos del ser humano y, a veces, en procesos superiores de aprendizaje. Es esta área la que más se desarrolla en los niños pues, en pos de enfatizar los aprendizajes, se cree que basta con la transmisión de conocimientos para llenar ese vacío de los estudiantes.

Este último espectro, el área afectiva-emocional-espiritual está, por mucho, desatendida. En las escuelas, sólo se remite a los niños denominados problema a un terapeuta, en el mejor de los casos; esta parte de la formación no es atendida adecuadamente y aquí debemos recordar que el niño se está formando independientemente de si participamos o no en su desarrollo emotivo y afectivo; no existe en los planes formales de educación alguna materia que contenga el conocimiento y manejo consciente del lado emocional. Desafortunadamente, como consecuencia de esta falta de atención, el niño y, más tarde, el adolescente y el adulto presentan dificultades afectivas que se quieren remediar con la atención de un terapeuta y, en ocasiones, con el consumo de fármacos, cuando en ocasiones el daño es tan fuerte que es muy difícil de atender por esos medios.

Existe, como conclusión, la imperiosa necesidad de revisar la formación de nuestros hijos, nuestros alumnos, nuestros pacientes, para que nos demos cuenta a tiempo de lo que está fallando y busquemos la manera de complementar la formación integral de cada uno de ellos y que no ocurra como en la mayoría de las veces, que se quiere corregir cuando es más fácil prevenir; no debemos olvidar que estamos hablando de personas, cada una de ellas el ser más valioso que pueda existir.

Con lo anteriormente señalado se pretende hacer una pequeña aportación a la reflexión individual y colectiva de quienes participamos en los procesos de formación de personas; en los padres, para que revisemos la formación integral de nuestros hijos; y en los adolescentes y adultos que se están formando, para intentar una revisión a su proceso de crecimiento y desarrollo.