Alimentación inteligente

Hemos escrito en este espacio acerca de diferentes técnicas y temas para el desarrollo humano e invitado a la reflexión sobre ellos; toca ahora que nos ocupemos de la alimentación como factor fundamental del mismo.
Una de las premisas es que el estado de salud necesariamente se asocia al consumo de alimentos y que existe una relación directa entre nuestro desarrollo personal y nuestra dieta.

Alimentación inteligente

Eulalio López García1 y Manuel Pérez Bailón2

Hemos escrito en este espacio acerca de diferentes técnicas y temas para el desarrollo humano e invitado a la reflexión sobre ellos; toca ahora que nos ocupemos de la alimentación como factor fundamental del mismo.

Una de las premisas es que el estado de salud necesariamente se asocia al consumo de alimentos y que existe una relación directa entre nuestro desarrollo personal y nuestra dieta.

En primer lugar exploremos un poco nuestros conocimientos acerca nosotros mismos, para esto respondámonos: ¿Qué es nuestro cuerpo y qué necesita para funcionar en forma adecuada?

El cuerpo humano es el resultado de millones de años de evolución, una compleja estructura, desde el punto de vista físico, de células alimentadas por compuestos químicos derivados de los alimentos que consumimos; un conjunto de órganos y sistemas puesto en marcha por el combustible alimenticio; una serie de miles de reacciones físico-químicas consecuencia de lo que comemos; un universo complejo de procesos mentales disminuidos o aumentados por nuestra alimentación.

Nuestro organismo necesita una serie de nutrientes sin los cuales tarde o temprano entrará en crisis; de ahí que la mayoría de las enfermedades son consecuencia de la falta o exceso de sustancias que el cuerpo requiere.

Los expertos en alimentación señalan que proteínas, lípidos, glúcidos, vitaminas, sales minerales y oligoelementos, entre otros, son básicos para el organismo; sin embargo, no es común que las personas se preocupen por conocer qué necesitan de acuerdo con su edad, actividad, lugar de residencia, salud, etcétera; asimismo tampoco se asocian alimentación y desarrollo personal.

A pesar de que en la actualidad el avance de la tecnología permite tener a la mano mucha información, necesitamos rescatar esta información para nuestro beneficio y de las generaciones futuras.

Es importante saber cuál es la condición actual de nuestro organismo, necesitamos un diagnóstico profesional y objetivo, que nos señale qué es lo mejor para nuestro cuerpo. Recordemos que, a diferencia de otros bienes, a lo largo de nuestra existencia sólo tendremos un cuerpo, y nosotros somos, directamente, responsables de él; nosotros lo gobernamos y decidimos cómo lo mantenemos.

¿Cuántos de nosotros acudimos con el experto en alimentación --médico, nutriólogo o terapeuta-- para vigilar que nuestros alimentos cubran las necesidades básicas de nuestro organismo? Una de las responsabilidades que tenemos como padres es la de proveer de alimento a nuestros hijos, y de educarlos sobre esto; en general, nos alimentamos siguiendo tradiciones y costumbres; esto es, adquirimos los hábitos alimenticios de nuestros padres y de la comunidad donde crecemos; si nuestros padres nos dicen que determinado alimento es bueno y sano, y que con eso creceremos grandes y fuertes lo creemos; a su vez, nuestros hijos confían en lo que nosotros les damos. Sin embargo, en algunos casos estas costumbres no necesariamente son las más sanas ni las mejores. Claro que la buena voluntad de los padres no se pone en duda.

Así pues, es necesario, si no lo hemos hecho todavía, adquirir responsabilidad individual sobre nuestros hábitos alimenticios, ya que de ello depende nuestro estado de salud, ya que en ocasiones, comemos sin saberlo lo que nos daña y evitamos lo que nos ayuda.

¿Cuándo y cómo mejorar? Ésta decisión depende de cada uno de nosotros; pero no resulta fácil cuando tenemos hábitos adquiridos desde hace 20, 30, 40 o 50 años ¿Es tiempo todavía? Creemos que sí bajo el principio de desear una vida digna y lo más sana posible; no esperemos a enfrentarnos a situaciones extremas como la enfermedad para decidir a mejorar nuestros hábitos alimenticios.

A pesar del avance de la ciencia, seguimos padeciendo de grandes males y enfermedades que nuestros antepasados no sufrían o no en la magnitud con que se presentan en la actualidad: problemas del corazón, diabetes, caries, adicciones a sustancias y sensaciones, sólo por señalar algunos, problemas que la humanidad no ha resuelto, y que son nuestro pendiente y deuda con el futuro de nuestra especie y también parte del legado de estas generaciones.

¿Cuántas de estas enfermedades podrán ser evitadas si cuidamos a tiempo nuestra alimentación?

De ser necesario, busquemos orientación acerca del tema; no es malo ignorar las cosas, lo negativo es que se ignoren cuando ya sabemos qué necesitamos y no se busque la manera de obtenerlo.

Para concluir, recordemos que una alimentación inteligente es el cimiento para la nutrición de nuestro organismo y de nuestro desarrollo personal.

Notas
1. specialista en recursos humanos, consejero y terapeuta naturista.
2. Consejero personal en desarrollo humano y profesor universitario.

 

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