El manejo del estrés para un mejor desarrollo

Desde hace algunos años, se ha considerado al estrés como uno de los males de nuestro tiempo. Un mal que se ha enraizado en la vida moderna y que, de una u otra manera, afecta a cientos de miles de individuos todos los días, disminuyéndoles, -a causa de esa tensión- su calidad de vida y, como consecuencia,

El manejo del estrés para un mejor desarrollo

Eulalio López García y Manuel Pérez Bailón

Un viejo conocido
Desde hace algunos años, se ha considerado al estrés como uno de los males de nuestro tiempo. Un mal que se ha enraizado en la vida moderna y que, de una u otra manera, afecta a cientos de miles de individuos todos los días, disminuyéndoles, --a causa de esa tensión-- su calidad de vida y, como consecuencia, se va perfilando un pobre desarrollo humano. Esto es porque no hemos aprendido a manejar esa tensión. La vida moderna, con todas sus competencias y exigencias diarias, tiene al ser humano sumido en escenarios difíciles y exigentes que le producen conflictos y tensiones.

Sin embargo, el estrés no es de este siglo. Si pensamos en la vida de los primeros pobladores, éstos eran constantemente acechados por bestias, lo que les dejaba dos alternativas: luchar o huir. Esas alternativas, además de un buen número de cambios fisiológicos, provocaban una enorme tensión. Éste es un punto de referencia para esa, llamémosle, enfermedad del siglo actual (y de los pasados).

Si los hombres decidían luchar, a pesar de las herramientas con que enfrentaban a las bestias la desventaja la tenían ellos y la tensión se incrementaba porquesu vida estaba en juego. Si por el contrario, decidían huir, también dejar atrás lo más posible el peligro suponíae una gran carga de tensión. Y así, si analizamos cualquier situación actual, vemos que las amenazas, los peligros y la incertidumbre están siempre presentes.

Pero hoy tenemos otra alternativa además de pelear o huir: aceptarlo, enfrentarlo, manejarlo... dominarlo.

Aceptar el estrés
La tensión forma parte de la vida, es ya un hecho innegable. Este punto nos facilitará ubicarnos en la realidad para poder conocerla, estudiarla y enfrentarla o soslayarla. Esto significa que podemos vivir de manera real, con él, sabiendo que existe y afecta nuestra vida diaria. Ese es un buen comienzo: aceptar nuestra realidad inmediata.

Por el contrario, creer que esa tensión no afecta nuestro desarrollo personal y engañarnos pensando que el estrés es sólo una moda pasajera que pronto desaparecerá, efectivamente, disminuye nuestra calidad de vida y dificulta, por lo pronto, nuestro plan de vida y nuestro desarrollo humano.

Se tiene la idea de que aceptar la realidad --la real, la nuestra-- es dejarse vencer por ella, cuando en realidad es al contrario. Al aceptar la realidad, sí se puede comenzar a manejarla.

En conclusión: aceptemos que la tensión forma parte de nuestra forma actual de vida.

Enfrentando y manejando el estrés
El estrés es inevitable y no queda más que enfrentarlo. Siempre es mayor el dolor ocasionado por la negación de lo inevitable, que la consciencia plena de que eso está ahí, presente en nosotros y nos afecta, nos molesta, nos duele y, se convierte, por ende, en una fuerza difícil de controlar.

Durante el día se viven muchas situaciones, unas duras y desagradables, de peligro, de incertidumbre; otras alegres, amenas, gratas. El ponderar cada una de ellas permite el equilibrio que produce mayor agudeza, un mejor manejo de la vida personal, un mayor desarrollo humano.

Cuando alguien sólo se conecta con una parte de la realidad --recordemos la llamada zona cómoda, véase número 51--, pierde la visión de conjunto, confunde la parte por el todo, pierde el sentido de las dimensiones, y se estresa.

El día se transforma en una mezcla de tensiones, de aspectos desagradables. Queremos huir y no podemos. Queremos luchar, pero tampoco podemos. Nos sentimos atrapados --nosotros solos, en nuestra percepción-- en una nube tóxica.

Cambiando nuestra percepción
Por otro lado, con otra percepción, si durante el día hacemos conscientes los distintos momentos y situaciones de las que están compuestas las horas, nosotros mismos nos manifestamos sensaciones plenas y gratas, como cuando se habla con un buen amigo, se termina una tarea, se escucha una bella melodía, se lee un buen libro o, simplemente, se toma una rica taza de café.

Esos momentos y situaciones satisfactorias son infinitos, pero para apreciarlas hay que estar conscientes de que depende de nosotros, y sólo de nosotros, percibirlas de ese modo y manejarlas en beneficio propio. Cambiemos, entonces, nuestra percepción de las cosas.

La vida diaria, con su rutina acostumbrada, provee de cambios permanentes que sólo pueden tomar quienes están conscientes de este hecho. Sólo el cambio permanece.

La grisura de la vida es algo en lo que también contribuye la propia persona, con su percepción inclinada y también gris, esperando siempre acontecimientos maravillosos que nunca llegan; mientras lo cotidiano, lo de ahora, esas pequeñas y maravillosas cosas y momentos, como un beso a nuestros hijos, que son también bellos, se escapan como agua entre los dedos.

Lo extraordinario, lo real, también existe, por supuesto, pero no hace falta esperar siempre que venga en forma de enormes acontecimientos. Los detalles saludables, diarios, son importantísimos. Además de que incrementan exponen-cialmente nuestra calidad de vida.

Para finalizar, diremos que, esa forma de enfrentar el estrés, concientizándolo y cambiando nuestras percepciones negativas por aquéllas que nos produzcan satisfacciones más duraderas, es sumamente efectiva y saludable, mejora nuestro desarrollo humano.

 

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