La sensibilidad en el dasarrollo humano

Hoy todos hablan, escriben y gritan sobre la guerra, el terrorismo y el conflicto pos 11 de septiembre. ¡Cuánto eco! Los economistas, haciendo honor a su formación profesional, se transforman en profetas. Los analistas políticos en pensadores que advierten. Los escritores en poetas y los comunicadores en científicos sociales. Todos hablan y pocos observan, escuchan, analizan, piensan.

La sensibilidad en el desarrollo humano

Eulalio López García y Manuel Pérez Bailón

Y de repente, algo que bulle en nuestras cabezas en tiempos de crisis, en situaciones complejas.

Hoy todos hablan, escriben y gritan sobre la guerra, el terrorismo y el conflicto pos 11 de septiembre. ¡Cuánto eco! Los economistas, haciendo honor a su formación profesional, se transforman en profetas. Los analistas políticos en pensadores que advierten. Los escritores en poetas y los comunicadores en científicos sociales. Todos hablan y pocos observan, escuchan, analizan, piensan.

Todos nos convertimos, así de pronto, en sociólogos, en psicólogos de masas y en tenedores de la verdad. Pero el asunto es sumamente complejo, contiene un sinnúmero de causas y consecuencias que un solo método no puede abarcar. Es una situación que requiere un profundo análisis muy serio y responsable; un problema multifactorial imposible de discutir desde una sola óptica, con una sola perspectiva, pero un asunto necesario de ir dibujando. Hoy también nosotros hablamos sobre ello, con una visión, ciertamente, limitada y reducida, pero con estricto apego a nuestro desarrollo personal.

¿Estamos perdiendo sensibilidad?
A unas pocas semanas de la llamada primera guerra de este siglo planteamos cerradamente esta cuestión. La prensa escrita, los comentaristas de radio y la confundida televisión siguen escribiendo, hablando, analizando la guerra. No es nuestra intención abarcar tanto, sólo queremos respondernos esa primera cuestión.

Parece que algo ocurre dentro de la naturaleza humana que nos hace, efectivamente, perder sensibilidad y mirar esas situaciones ya hoy, en este momento, como algo natural, como algo predecible y, aunque aún nos causa extrañeza, rechazo, conmoción e incertidumbre, poco a poco vamos restándole importancia al hecho que despertó muchísimas posiciones y posturas encontradas, rivalizantes incluso. Sin embargo, los medios de comunicación, en ese importante papel que juegan, siguen invadiendo nuestras mentes ya no sólo de informes y comunicados, sino de posturas que hay que aceptar o desechar; pero lo curioso es que no nos volvemos más críticos y conscientes, sino que, por el contrario, somos cada vez más pasivos. Por algún misterioso mecanismo no comprendemos por qué ahora ya no es noticia, ya no nos provoca la misma sensación que al inicio de la anunciada lucha contra el terrorismo. ¿Será acaso que podemos acostumbrarnos a recibir esas noticias de guerra como algo normal y natural?

¿Es problema la costumbre?
Sí, lo consideramos un problema de desarrollo humano. Es una cuestión que ya hemos descrito como la zona cómoda (véase número 51). Pero, ¿acaso estaremos llegando a una zona así? ¿Será posible que algo tan brutal e inconcebible como mirar una guerra pueda formar parte de la realidad social y natural de los mexicanos?

¡Qué difícil! Los habitantes de países en guerra lo saben bien y tal vez debieron acostumbrarse a esa realidad. Pero ¿y nosotros? ¿Debemos acostumbrarnos a vivir así? Si la respuesta es negativa, surge una más: ¿Podemos hacer algo? Y si la respuesta es positiva, entonces, la segunda cuestión es ¿qué hacer, entonces?

Para estas cuestiones proponemos una respuesta inmediata, una respuesta personal en la que sí podemos impactar, la que sí está a nuestro alcance: planeemos. Construyamos nuestro plan de vida personal, de pareja y familiar. Preparémonos para el futuro que está ya aquí. Es tiempo de crisis, es buen momento; es una ocasión que presenta el reto y la oportunidad de adelantarnos a los inevitables cambios. Necesitamos esa nueva forma de pensamiento, esa forma que constituya un acercamiento radical a nuestra nueva realidad, sea la que fuere.

Recuperemos nuestra sensibilidad
No perdamos capacidad de sentir. No debemos regalarla ni abandonarla. Comencemos por reflexionar hasta qué grado puede y debe afectarnos una situación como la mencionada al principio de este artículo. A continuación, fijémonos nuevas metas y objetivos adaptados a esta realidad presente entre nosotros. Analicemos y démosle su justo valor y, sobre todo, aprovechemos la oportunidad para replantearnos la posibilidad de avanzar como seres humanos y caminar hacia la consecución de nuestros propósitos y hacia una mejor calidad de vida, un mejor desarrollo humano.

 

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