Nuestra zona cómoda

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Qué placer sentirse bien, sentirse pleno y lleno de vida cuando tenemos la mágica oportunidad de mirar dentro de nosotros y saber que estamos completos y que la vida nos ofrece cosas maravillosas.
Mágica oportunidad, que no es gratis. La vida nos ofrece la libertad de elegir los caminos que transitaremos. Lo demás es cosa nuestra;

Nuestra zona cómoda

Eulalio López García y Manuel Pérez Bailón

Buscando nuestro lugar
Qué placer sentirse bien, sentirse pleno y lleno de vida cuando tenemos la mágica oportunidad de mirar dentro de nosotros y saber que estamos completos y que la vida nos ofrece cosas maravillosas.

Mágica oportunidad, que no es gratis. La vida nos ofrece la libertad de elegir los caminos que transitaremos. Lo demás es cosa nuestra; conseguir la realización plena y satisfactoria que hace nuestra vida placentera no se da por sí misma, hay que buscarla, hay que hallarla y, cuando ya la tenemos, hay que conservarla y seguir buscando.

Sin embargo, esa búsqueda no es fácil. Muchas veces nos quedamos en el camino y habiendo conseguido una ínfima parte de esa tan ansiada felicidad cejamos en el intento y creemos que hemos logrado la meta, pero ¿cuál meta? ¿Acaso la planificamos o fue el destino o una simple casualidad lo que nos puso en ese lugar?

Y luego, esa ocasión se convierte en el eje sobre el que basamos toda nuestra existencia. Entramos en lo que conocemos como nuestra zona cómoda, donde somos felices ignorando la dinámica de los sistemas, sus relaciones, su sinergia. En esa zona estamos totalmente seguros; todo lo tenemos, nada nos afecta, nada nos lastima, nada nos preocupa... nada. En ese instante estamos completamente satisfechos (despreocupados también) y lo demás no importa, pero si algo se mueve (y estamos seguros que se moverá, porque como bien decía Heráclito hace siglos "solo el cambio perdura") y nos obliga a mirar fuera de ese círculo, sentimos temor, sentimos miedo y somos sumamente vulnerables.

En ese momento nos sentimos preocupados, abatidos, fuera de lugar, porque no sabemos, no entendemos qué fue lo que pasó. Esa es la cuestión que planteamos hoy aquí. ¿Cómo prepararnos para enfrentar los cambios producidos por sí mismos, por la dinámica cotidiana o por nuestra incansable sed de aventura humana?

Podemos desarrollarnos
Insistimos en que el cambio puede planificarse. Son tan sabidas esas actitudes de los seres humanos, ante los hechos diarios --pasividad, reacción--, que a veces olvidamos que siempre hay formas de mejorar y acrecentar nuestra calidad de vida, nuestro desarrollo humano; que también existe esa actitud activa, provocadora, la que no mira torpemente pasar las cosas o las enfrenta visceralmente con una ceguera que nos debilita y nos hace seres conformes, o inconformes, según perciban nuestros sentidos en ese momento. Y, sin embargo, esa actividad, esa actitud de influenciar en las cosas, de provocarlas, de planificarlas, de romperlas, nos pone en la disyuntiva de flaquear o crecer, de desarrollarnos; es tiempo de crisis y, las crisis pueden y deben aprovecharse inteligentemente.

Esa ocasión exige una buena dosis de salud mental para, en la medida de lo posible, decidir adecuadamente lo que queremos para nuestro presente y futuro inmediatos y, sobre todo, actuar en consecuencia; mover todos los hilos que atan nuestra existencia y luchar por avanzar un escalón más en la escalera de la realización humana.

Tres alternativas
¿Qué se necesita, entonces, al salir de nuestra zona cómoda y estar preparados? Definitivamente, primero, una sacudida, una situación crítica que nos duela, que nos lastime, para, sanamente, después de aceptarla y haber asimilado el dolor provocado, reflexionar sobre los caminos que podemos tomar.

Nosotros encontramos tres: el primero, la pasividad, esa actitud que nos hará insensibles al cambio experimentado y poner sentidos muertos a la situación y hacer como si nada estuviera ocurriendo.

El segundo la reacción; esa reacción inmediata a la búsqueda de culpables, despojándonos de nuestra responsabilidad, echándole la culpa a nuestra mala suerte.

El tercero, aprovechar esa ocasión para replantearnos propósitos, objetivos y metas y, aprovechando el potencial del ser humano, buscar un desarrollo personal.

De esos tres caminos, los dos primeros son sumamente fáciles, no implican mayor problema: ver pasar, protegernos. El tercero, sin embargo, requiere paciencia, ánimo, inteligencia, pasión, valor y coraje para enfrentar la situación, aprovecharla y decidir lo que deseamos para nuestro siguiente día. Pero este último no debe quedarse en reflexión, debe unirse, como escribía Vasconcelos, pensamiento y acción.