La importancia del plan de vida

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¿Es necesario planear el futuro? ¿Qué tan válido es hacer una proyección? ¿Por qué debo planear mi vida? Éstas o algunas de las clásicas preguntas que nos inquietan cuando escuchamos que debemos tener un plan de vida.
En ese momento dudamos de la importancia de hacer algo hoy para un mañana que no estamos seguros si llegará, de algo qué no sabemos si va a ocurrir.

La importancia del plan de vida

Eulalio López García y Manuel Pérez Bailón

¿Es necesario planear el futuro? ¿Qué tan válido es hacer una proyección? ¿Por qué debo planear mi vida? Éstas o algunas de las clásicas preguntas que nos inquietan cuando escuchamos que debemos tener un plan de vida.

En ese momento dudamos de la importancia de hacer algo hoy para un mañana que no estamos seguros si llegará, de algo qué no sabemos si va a ocurrir. Dudamos incluso del transcurrir del tiempo y, bajo la premisa de "vivir la vida hoy" a veces olvidamos que planear el futuro tiene sus indudables ventajas.

Ventajas
Una ventaja cierta es que el plan de vida nos permite prepararnos, ubicar las cosas en su justa dimensión. Que el plan es falible, ¡ni duda cabe!, no existen los planes perfectos, pero sí existen los planes flexibles. Si durante el transcurso del tiempo aplicamos una buena dosis de control, estamos en posibilidades de arreglar y enmendar las desviaciones y, sobre todo, prevenir en lugar de corregir.

Otra ventaja de elaborar un plan de vida es que aseguramos el futuro. Pero, ¿puede asegurarse el futuro? Nosotros creemos que sí, estamos convencidos de ello. Se necesita dejar bien clara la misión y los objetivos y, despojándonos de un egoísmo natural en el ser humano, pensar en los demás: en nuestra pareja, en nuestros hijos.

Imaginemos, por ejemplo, el triste pesar de la viuda cuando quien fue su pareja no consideró dentro de su plan de vida, el aspecto patrimonial; además del dolor por la pérdida del ser querido --difícil, por su misma naturaleza, de superar-- debe superar el trago amargo de recomenzar a vivir. Y si ella, dedicada al hogar, como millones de mexicanas, no tiene una profesión o un oficio que le permita ganarse la vida, terminará con una frustración y un rencor que pueden sumirla en un estado depresivo que la conduciría, en el mejor de los casos, a hacer nada para remediar la situación. Tendrá, por supuesto, dos problemas inmediatos que resolver; por un lado, superar el duelo y, por el otro, la cuestión patrimonial.

Imaginemos, por el contrario, a la viuda que tuvo la fortuna de contar con una pareja previsora. Amén de lo anterior, tendrá una ventaja innegable al saberse, por lo menos, protegida --ella y los hijos-- en el aspecto económico.

Una oportunidad de integración humana
Lo anterior es sólo un ejemplo de plan de vida patrimonial, pero éste encierra más aspectos: plan de vida individual, de pareja, de familia, profesional, de realización, etcétera. En este sentido, el plan de vida contempla la integración y desarrollo pleno del ser humano en un ambiente cada vez más hostil y difícil.

Una ventaja más: un plan de vida involucra y compromete las partes más sensibles del ser humano, porque observa la atención que ponemos a nuestra propia y ansiada libertad al cuidar nuestro futuro y atender, por un lado, nuestros requerimientos actuales y, por el otro, nuestras necesidades futuras. Se trata, pues, de apropiarnos de nuestro destino único, y luchar con todas nuestras fuerzas por darle la orientación que deseamos.

Esta forma de percepción no quiere decir que nos pasemos la vida planeando y olvidemos las cosas bellas y hermosas de la vida. Al contrario, quiere decir que podemos tener tranquilidad hoy porque sabemos a dónde nos dirigimos; sabemos que el destino no nos depara sorpresas --que, obviamente, ocurrirán--, sino que éstas ya están medidas justamente y nosotros forjamos ese futuro.

Por último, queremos anotar en este espacio que el tiempo invertido en la elaboración de un plan de vida es infinitamente pequeño, comparado con la oportunidad que nos brinda apropiarnos de nuestra propia persona.