Adicciones y muerte De alcohol, tabaco y otras drogas.

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Cuando las personas tienen una adicción a alguna sustancia y no toman las acciones necesarias para evitarla, es probable que dichas sustancias los conduzcan a la muerte; ya sea poco a poco o de manera fulminante, de forma directa o indirecta, si bien no se sabe cuando ocurrirá.
Enfrentar la muerte de un familiar, en general, representa dolor porque surgen sentimientos y emociones encontradas: alivio, descanso, tristeza, angustia, desesperación, enojo, tal vez un poco de paz. La persona muerta ya no estará más físicamente, y sólo queda asimilar su pérdida, el luto y tal vez, algún día, la resignación, superar el dolor, y seguir vivo.

Adicciones y muerte
De alcohol, tabaco y otras drogas.

Eulalio López García y Manuel Pérez Bailón

Cuando las personas tienen una adicción a alguna sustancia y no toman las acciones necesarias para evitarla, es probable que dichas sustancias los conduzcan a la muerte; ya sea poco a poco o de manera fulminante, de forma directa o indirecta, si bien no se sabe cuando ocurrirá.

Enfrentar la muerte de un familiar, en general, representa dolor porque surgen sentimientos y emociones encontradas: alivio, descanso, tristeza, angustia, desesperación, enojo, tal vez un poco de paz. La persona muerta ya no estará más físicamente, y sólo queda asimilar su pérdida, el luto y tal vez, algún día, la resignación, superar el dolor, y seguir vivo.

Cuando esta muerte está asociada en forma directa o indirecta a las adicciones, puede quedar una terrible sensación de culpa, de insatisfacción, de frustración por creer que no se hizo lo suficiente, por haber hecho muy poco o tal vez nada por dicha persona. Y después de ese golpe -o incluso durante el mismo- se debe continuar.

Los deudos harán los preparativos para el funeral, y en el proceso surgirán muchas ideas, palabras, enfrentamientos, toma de decisiones, en fin, lo que "debe hacerse" según la tradición, el presupuesto o los mandatos... Después, a seguir con la vida.

Algunos y algunas seguirán, otros y otras se quedarán ahí, en esa etapa, por algún tiempo que puede ser corto o muy largo. Cada uno de los sobrevivientes a la muerte de esta persona tiene su propia interpretación de lo sucedido; cada uno con su propio dolor y sufrimiento. La adicción ha dejado muerte y deudos, dolor y enojo, tristeza y llanto.

Dentro del duelo posterior a la muerte, también estará la tarea de reconocer el sentimiento de culpa, la ira, el enojo porque esa persona no detuvo a tiempo su consumo de la sustancia, porque no hizo caso de los consejos y opiniones. Ya nada puede hacerse al respecto para cambiar los hechos, están consumados. Pero con la muerte no se concluye la historia en la que se gestó la adicción, no se terminan los problemas. La adicción no sólo afectaba a quien consumía sustancias; la adicción no es sólo una situación personal. Es una situación familiar. Tal vez, la adicción era parte de otras circunstancias familiares o de pareja.

Ya antes se vivía el dolor, la ira y el sufrimiento de tener un familiar con adicciones. La situación cambia porque se enfrenta una pérdida, marcada ésta por el consumo de sustancias, y deja una sensación de pérdida inútil, innecesaria.

Durante el proceso de convivir con un familiar adicto se intenta "curarlo" de sus constantes crisis, en ocasiones sin éxito en la rehabilitación; de llevarlo y acompañarlo a las sesiones de terapia, de rescatarlo de encerronas y parrandas, de mentir para cubrirlo o protegerlo, de escuchar cómo niega su adicción y, en consecuencia, su negativa para acudir a tratamiento. La familia vive sus propias contradicciones para enfrontar la situación, su propia negación y la dificultad de reconocer el problema.

Con la muerte del adicto, una parte de todo lo anterior termina. Pero, en algunos casos, la muerte de esta persona no alivia ni soluciona las circunstancias, los hechos ni las situaciones que la adicción provocó.

El día siguiente existe, hay que seguir, ahora acompañados de dolor y soledad; realizar las actividades de rutina en la casa, la escuela o el trabajo, sufrir lo necesario para superar la ausencia del que ya no está.

En ocasiones, como parte del enojo y del sufrimiento, se busca a los "culpables", a los responsables de esta muerte. Algunas familias discuten, pelean entre sí, se alejan, se desintegran, se reprochan mutuamente la culpa y la responsabilidad. También se da la posibilidad de comenzar el duelo, de desahogar el dolor, para poder superar la tristeza. Cada uno de los deudos buscará la forma de hacerlo. El riesgo, como en otros casos de muerte de un familiar, es quedar atrapados en un duelo sin fin, donde el dolor y el sufrimiento se convierten en los compañeros permanentes de la familia, donde el recuerdo del fallecido taladra el corazón y es un fantasma que acompaña a los sobrevivientes por un lapso indefinido.

Ante estos hechos, es bueno recordar que siempre hay caminos para recomenzar y tratar de recuperar la paz interior. Hay que buscarlos, reencontrarlos o construirlos.