Los ¿por qué? de los niños y niñas

A lo largo de nuestra vida, en no pocas ocasiones, enfrentamos el interrogatorio simple, pero asimismo profundo de tres o cuatro infantiles ¿por qué? que nos acorralan.
¿Quién de nosotros no se ha quedado perplejo o sin argumentos ante esta pregunta, o ante la inminencia de tener que enfrentar otra más? Y no es necesario que sean preguntas complejas, elaboradas por eruditos. Basta una sola pregunta inocente, hecha por un pequeño o una pequeña, para hacer tambalear nuestra preparación. El niño o la niña pregunta con sincera curiosidad sobre el funcionamiento del mundo, de su mundo, que siendo oscuro y personal se presenta ante él o ella. No tiene miedo, simplemente pregunta acerca de lo que desconoce.

Los ¿por qué? de los
niños y niñas

Eulalio López García1 y Manuel Pérez Bailón2

A nuestros(as) hijos(as), con profundo amor

A fuego cruzado
A lo largo de nuestra vida, en no pocas ocasiones, enfrentamos el interrogatorio simple, pero asimismo profundo de tres o cuatro infantiles ¿por qué? que nos acorralan.

¿Quién de nosotros no se ha quedado perplejo o sin argumentos ante esta pregunta, o ante la inminencia de tener que enfrentar otra más? Y no es necesario que sean preguntas complejas, elaboradas por eruditos. Basta una sola pregunta inocente, hecha por un pequeño o una pequeña, para hacer tambalear nuestra preparación. El niño o la niña pregunta con sincera curiosidad sobre el funcionamiento del mundo, de su mundo, que siendo oscuro y personal se presenta ante él o ella. No tiene miedo, simplemente pregunta acerca de lo que desconoce.

Este hecho nos da oportunidad para hacer varias reflexiones al respecto.

En primer lugar, comentemos la manera en que algunos adultos contestan la pregunta del niño o de la niña: "Porque sí", "No molestes", "No preguntes tanto", entre otras respuestas. ¿Cuál es el efecto de esta respuesta? Los pequeños, con su particular capacidad de aprendizaje, están dispuestos a aprender todo lo que se les explique. Pero cuando las respuestas son como las mencionadas, probablemente lo que obtienen es un daño que los marcará para toda su vida; perderán la confianza de preguntar; abandonarán su curiosidad natural y pensarán que no existen respuestas a sus preguntas, que las cosas son así porque sí y nada más.

En segundo lugar, la reflexión obligada es sobre la incapacidad de algunos adultos para contestar. La más cruel de estas razones es cuando sí se sabe pero simplemente no se quiere contestar a los pequeños; lo que demuestra una percepción equivocada de ellos: "No importa lo que se les conteste, no es trascendente"; "Son preguntas de niños que no tienen la menor importancia y que no les afectan en nada", entre otros razonamientos.

Estas reflexiones nos llevan a resaltar la importancia que tiene contestar con la verdad a los niños y niñas, sin prejuicios y con mucha paciencia, sin olvidar que los menores están en proceso de formación y para ellos las respuestas son de vital importancia, pues explican la realidad, y facilitan o entorpecen su comprensión e interpretación del mundo que los rodea.

Si el adulto contesta con mentiras, para los pequeños ésta será la verdad, pues así se les está presentando; ellos no conocen las mentiras, lo que les digan los adultos les explicará el mundo; si a los menores se les da como respuesta "Ya no preguntes", entonces aprenderán que no deben preguntar acerca de lo que vean, oigan o sientan; que deben aceptar las cosas así como son, sin explicaciones; esa es la verdad y la explicación del mundo y, en el futuro, ante cualquier situación que se les presente actuarán de la misma manera.

El adulto adquiere, por supuesto (la mayor de las veces sin desearlo o saberlo), plena conciencia de la responsabilidad de las consecuencias de sus respuestas al ¿por qué? de los niños.

Por el contrario, los niños y niñas, al obtener respuestas, van armando su concepto del mundo, desarrollan su confianza para preguntar y enriquecen su conocimiento del mundo. Es necesario, entonces, tomar conciencia de la importancia que tiene contestar a nuestros niños cuando preguntan. Recuérdese que las respuestas que se les ofrezca los ayudará a construir su comprensión del mundo, pero también servirá de manera fundamental para comprender y aceptar su mundo interior, lo que les dará confianza y seguridad en sí mismos.

Es usual que en la adolescencia se presenten problemas de comunicación con los jóvenes. Es probable que durante su infancia, muchos de ellos no recibieron respuestas o no fueron las apropiadas. En esta etapa, algunos padres pretenden que las respuestas las den los adolescentes, cuando éstos aprendieron de niños que no es necesario contestar, que se puede responder con una mentira, o con frases tales como "Porque sí" o "No preguntes".

Por esto, cuando se tenga la oportunidad de contestar a los niños un ¿por qué...?, se debe hacer sin miedo, sin mentiras, y sin olvidar que con esas respuestas estamos preparando a nuestras futuros jóvenes y adultos.

Un hecho innegable es que los niños y niñas son inteligentes y que, en muchos casos, su capacidad de comprensión está por encima de nuestra capacidad de respuesta como adultos. Esto nos conduce a otra reflexión: para contestar este tipo de preguntas se requiere una gran sabiduría, término que en este contexto no significa ser sabio o erudito, sino saber qué contestar. Si no se sabe qué contestar, digamos "No sé" y busquemos las respuestas.

Lo que quieren los niños y niñas es saber, aprender. Por eso están ahí, con su gran arsenal de ¿por qués?, esperando respuestas a sus interrogantes.

Otro error frecuente de los adultos es contestar con respuestas totalmente distintas, y hasta opuestas, a la misma pregunta. Los pequeños se dan cuenta y a veces cuestionan o confrontan a sus mayores; otras, tales respuestas les produce una profunda confusión y no saben cuál es la verdad.

Se sabe que los primeros años de vida son fundamentales en la formación de la personalidad de los niños y niñas. Los padres y/o los adultos contribuimos a su formación también al ofrecerles o negarles las respuestas que solicitan. Seamos conscientes de este compromiso y esta responsabilidad, y no olvidemos que ellos y ellas son parte del presente y futuro de nuestra sociedad.

Notas
1 Especialista en recursos humanos, consejero y asesor en desarrollo personal.
2 Consejero personal en desarrollo humano y profesor universitario.

 

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