Muchos se preguntarán, agobiados por los sentimientos desagradables, "¿Para qué sentimos?" Pudiera parecer que vivir sin sentir resulta más fácil, tanto como razonar que la distancia más corta entre dos puntos, es la recta. Pero, como diría Pascal, el corazón tiene razones que la razón ignora. El corazón, el hígado o la parte del cerebro que controla las emociones, no conocen la recta. Su proceso es complejo y mostrará los frutos de la siembra cuando tal vez no se recuerde qué se sembró ni por qué.

Dicen que como es adentro es afuera, y así cuando se revisa un tema que molesta en el exterior, es importante también revisarlo dentro.
Mientras escribo este artículo, tengo frente a mí una bolsa de galletas MacMa. Me fascinan estas en particular, son de chocolate y tienen un corazoncito rosa en el centro. Sé que mientras la mano alcance la bolsa, a la par de los renglones, puedo ir comiendo una tras otra, saboreándolas o tal vez con la inercia mano-boca.

Los trastornos de la alimentación forman parte de las conductas adictivas, por lo tanto, deben ser tratados como tales.
El problema de las adicciones, además del daño físico, emocional, mental, espiritual, político y social que generan, consiste en que son enfermedades generalmente cíclicas y, por tanto, hay mucho riesgo de salir de una sólo para entrar en otra, en ocasiones igualmente difícil de resolver, a veces peor.

 

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